Esa misma semana me resultó tremenda. Como faltaba poco para terminar las clases, mis profesores habían puesto fechas de exámenes y esa semana estaba cubierta.
Como era obvio, no me pude concentrar en otra cosa que en la escuela. Y lo peor había sido que, como estuve mucho en lo de mi papá, tuve que viajar en el E, y por supuesto, no volví a ver al Damon trucho. Ni siquiera pude mandarle la foto que nos habíamos sacado, gracias a todo lo que tenía que hacer.
Yo odiaba romper mis promesas, y se la había roto a él, que ni siquiera lo conocía casi nada, y me caía más que bien.. me gustaba.
Por suerte, la semana más complicada del año, pasó volando. Aprobé casi todas las pruebas, pero no me preocupé tanto porque me quedaba una semana más para levantar informática, que no había podido salvar.
El lunes de esa última semana, volví a viajar en mi amada línea A. Y en realidad, no me refería con ‘amada’ a la línea, sino a lo que milagrosamente había pasado cuando viajaba en ella.
Estaba tan ansiosa por verlo que ni siquiera me concentré en la música. Miraba a la gente con tanta felicidad que asustaba. Pero en un momento, me di cuenta de algo que me borró la sonrisa: qué pasaría si él subía a cualquier otro vagón? No, eso no podría pasar, porque seguro quería ver si yo estaba, o hablar conmigo, o quizás reclamarme la foto que nunca le había mandado. Pero.. y si estaba enojado y no quería verme? No, no se puede enojar por una foto.. es una estupidez. Bueno.. no tendría que preocuparme tanto, porque seguro lo vería en la estación central del E y subiríamos las escaleras juntos.
Pensando en todo esto, el subte ya había llegado a la estación Pasco, donde él se había subido. Se abrieron las puertas, y para mi sorpresa, entró mucha gente junta. El vagón se iba llenando de a poco, pero yo seguía sin entender porqué. No pude ver si él había entrado con toda la gente. Pero, en ese instante en que lo busqué con la mirada, una señora embarazada se me aproximaba y le dejé el asiento. Ya, parada al igual que los demás, se me hizo más difícil buscarlo, entonces tuve que esperar a la siguiente estación. Con suerte, como se trataba de Congreso, mucha gente con traje se bajaba y el subte iba recuperando sus espacios vacíos. En eso, al fondo de todo, ví esa cabeza de cabello dorado como el oro que estaba reclinada sobre una de las ventanas, en dirección contraria a mí. Era él, no había dudas. Hasta llevaba un traje muy parecido al que yo conocía. Por eso, sin pensarlo más, me paseé por el vagón, hasta llegar a donde estaba sentado. Para mi suerte, no tenía acompañante. Mi ansiedad iba creciendo mucho más, hasta un punto que no podía contenerla. Mi sonrisa se hacía cada vez más grande con cada paso que daba hacia él. Pero, en ese justo momento glorioso, una señora excedida de peso se sentó en mi deseado lugar. Mi cara reflejaba la total frustración, aunque sabía que la señora necesitaba el asiento. Caminé entonces, unos pasos más adelante del asiento y me apoyé contra el espejo del subte, que estaba al lado de las puertas centrales. Traté de no mirarlo, y que tampoco él me descubriera. Pero mi mochila me delató una vez más. En el preciso momento en que pensé que sucedería, escuché su voz:
-Male! Tanto tiempo!
Me volteé rápidamente y le sonreí como pude, deseando que no notara mi mal humor.
-Sí, no?
-Ay, pensé que habías terminado el cole y no ibas a venir más por acá.. te querés sentar?
-Noo, gracias, enserio.
-Bueno.. y qué es de tu vida ahora?
-Pruebas, pruebas, pruebas.. levantar materias, blablabla..
-Uh, que garrón..
-Vos como andás?
-Y yo mas o menos igual.. pero con el laburo..
-Ahh..
-No puedo salir a ningún lado de todo lo que tengo que hacer..
-No, obvio, yo tampoco!
-Mm.. y esta semana ya estás más descansada?
-Sí, la semana anterior fue un desastre
-Me imagino.. las últimas semanas son terribles.
-Sí, supongo..
-Che, y porqué no venías en el subte?
-Es que estuve en lo de mi viejo, me tengo que tomar el E desde allá.
-Aaaah, claro.
-Sí..
Ya me sentía un poco incómoda. Además, teníamos que gritar para poder escucharnos, eso lo hacía peor. No sé si esta conversación era lo que yo esperaba para esta tarde. La escuela, el laburo, no poder salir.. no me gustaban ninguna de esas cosas. Y menos me gustaban cuando él las decía. Yo no imaginaba las cosas así, yo quería un cuento de hadas con él. Pero recién nos conocíamos. Agh.
-Uh, acá me bajo..- dijo él, hablando en singular.
-Sí, yo también-
-Ah, cierto!
Esto de que él no recordara donde me bajaba yo, me hizo enojar. Y mucho. Era claro que no la estaba pasando bien. Y su buen humor combinado con mi estado de enojo no funcionaban muy bien.
Entonces, pese a mi cara de pocos amigos, me bajé pegada a él. En realidad, él se había pegado a mí. Hicimos todo el recorrido en silencio, hasta que llegamos a las últimas escaleras que teníamos que subir, las mecánicas.
-Qué estás escuchando?- inquirió el, con su buen humor prendido todavía.
-Emm.. nada, lo tenía apagado desde que me hablaste en el subte.
-A ver, me lo prestás?
-Sí, obvio..
Le alcancé mi viejo mp3, descuidado de extremo a extremo y de horribles colores. Cuando lo deposité en su mano, sentí sus dedos y enrojecí. Él me miraba en ese momento y no pudo evitar sonreír. Supuse que ya sabía lo que me pasaba. Y no me gustaba suponerlo.
-Me gusta.. es viejito..
-Ah, sí.
-No, pero, me gustan las cosas más viejas. Si me regalaran un iPod de última generación, francamente no lo usaría.
-Ah, mirá vos. Mi voz no dejaba duda alguna de mi mal humor.
-Qué te pasa? Te sentís mal?
Al escuchar esto, traté de pensar en algo que no delatara que me sentía mal por que una señora me había usurpado un lugar al lado de él.
-Me duele un poco la cabeza, nada grave.
-Mm.. querés una aspirineta o algo? Qué tomás vos?
-No, en serio, se me va a pasar..
-Segura?
-Sí, no te preocupes..
-Bueno, cualquier cosa te comprás una aspirina, ibuprofeno o alguno de esos remedios de colores para chicas.. jaja
-Jaja –dije, y me di cuenta que estaba sonriéndole.
-Me gusta esa sonrisa..- dijo en voz baja, pero pude escucharlo.
-Qué?
-Eh.. nada! No dije nada..
-Mm.. yo escuché algo..
-No, en serio, una boludez.
-Bueno, como digas
-Eh.. y porqué no me mandaste la foto?!
-Ah, no tuve tiempo.. perdoname.
-Jaja, está bien, mandala cuando puedas.
-Sí, te la mando esta semana seguro.
-Está bien, yo no te apuro. Mañana viajás?
-Sí, creo que sí.. por?
-Para cuidarte el lugar..
-Jajaja, te lo tendría que cuidar yo, vos te subís después..
-Sí, pero hoy no tenías lugar vos..
-Se lo tuve que dejar a una chica embarazada..
-Ay, qué amor que sos!
-A qué te referís?
-Jaja, nada, dejalo así.
-Bueno.. me tengo que ir al cole.
-Te puedo acompañar a la puerta?
-Está bien.
Fuimos por el camino que siempre tomo yo, y le mostré todos los lugares que yo conocía por ahí. Me dijo que probablemente se quedaría en el ciber a trabajar un poco, ya que no le andaba la computadora en su casa. Llegamos al kiosco y paramos porque él quería comprarse algo. Me preguntó si quería algo, y aunque le dije que no, me compró un chocolate. Traté de devolvérselo, pero no me dejó. Me apretaba las manos cada vez que lo intentaba. Me gustaba eso.
Llegamos al colegio, al fin. En la puerta estaban tres amigas mías, que cada vez que me acercaba más a ellas, se sorprendían del acompañante que tenía. Luna, Sofía y Agustina estaban ahí. Antes de llegar a ellas, lo detuve.
-Aca es.
-Ahm, no me dejás que te acompañe a la puerta, no?
-Me van a preguntar muchas cosas, es inusual esto.
-Qué cosa? Que llegues con cualquier amigo tuyo?
-Sí.. pero no es tan inusual como tu traje negro de empresario y que seas probablemente 8 años mayor que yo.
-Bueno, es verdad, pero algún día te voy a llevar hasta allá.
-Bueno, está bien!
-Y te prometo que voy a traer ropa común.
-Estás bien así, me encantan los trajes de empresario.
-Pero no creo que a tus amigas..
-Es verdad, creo que parecés mi papá así.
-Qué guacha!
-Es una joda.. me voy, chau.
Me dí vuelta, pero enseguida sentí que su mano me tiraba, tal y como lo suponía.
-No me vas a saludar?
-Eh, sí..
Le di un beso rápido, tímido y sin ruido. Él me devolvió uno con ruido y que me dejó roja para toda la tarde.
Como era de esperarse, mis amigas me interrogaron como si hubiera cometido un homicidio.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
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