Por suerte, los días pasaron más rápidos de lo que yo creí. Le pedí disculpas a Male y le expliqué todo. Ella me entendió y me perdonó. El resto de los días, prometí no volver a tomar alcohol y cuidarme todo lo que pudiera.
Ya era jueves. Mañana tenía que ir a buscarla al aeropuerto, decirle todo lo que la había extrañado y abrazarla muy fuerte. Después besar mis extrañados labios. Ya no podía esperar más. La llamé un par de veces y ella me contestaba diciendo que no sea impaciente y que ya faltaba muy poco.
Al fin, el día siguiente llegó. Fui con el auto lo más rápido que pude, y aprovechando que eran horas tempranas, en la que ningún coche se paseaba por ahí. Llegué al aeropuerto, entré y pregunté en donde tendría que esperar al vuelo donde ella llegaba. Me indicaron el lugar, pero me advirtieron que el avión aterrizaría unas cuantas horas después, cosa que no le di importancia.
Pasaron muchas horas, pero valieron la pena. Peor hubiera sido haber llegado tarde y perderme su aterrizaje. No, eso no valía la pena para nada.
Apenas ella bajó del avión, su sonrisa se hizo gigante y sus ojos se llenaron de agua. Corrí hasta donde estaba, y antes de que pudiera pisar el piso, la abracé y empecé a darle unas cuantas vueltas. Luego le dije fue horrible, que no pase otra vez, y ella me dijo nunca te voy a volver a dejar solo. Y sus palabras me calmaron. Ya estábamos juntos devuelta. Ya todo era mejor, igual que antes. O quizás mejor. Habría que averiguarlo.
Ella me pidió que urgentemente la llevara a algún lugar para pasar el resto del día conmigo. Y yo le propuse ir a un restaurante cercano. Nos despedimos de su mamá, quien ya sabía todo sobre lo nuestro, y nos fuimos con el auto.
Llegamos al restaurante, pedimos una mesa, nos sentamos y comenzamos a hablar sobre su viaje. Me contó que no miró a ningún chico y que no dejaba de pensar en mí. Que era muy lindo el lugar, las playas y todo, pero que había empezado a disfrutarlas cuando yo se lo dispuse. Me alegraba escucharla sentirse bien y recuperada. Y por suerte, no mencionamos lo del alcohol, porque ya habíamos acordado no hacerlo por teléfono. Supuse que fue mi peor error y que jamás iba a hacerle algo así.
En un momento, luego de terminar la cena, me propuso ir al campo de golf que había en el country. Acepté la propuesta, pagamos todo, y nos dirigimos al country en el auto. Puse uno de sus CDs favoritos y ella no paraba de cantar perfectamente las canciones. En un momento, paró la música y me miró con cara desafiante...
Y así fue. Ella se fue. Partió en el avión. No la iba a ver por un mes. Pero.. qué significado tenía la vida ahora? Otra vez tendría que volver al trabajo, viajar con mis compañeros y contemplar su asiento vacío en el vagón. Todo volvía a su tinte gris. A la misma rutina aburrida antes de ella. Antes de que el milagro que había cambiado todo, pisara mi suelo. Las semanas fueron muy lentas. La llamé dos veces para asegurarme de que hubiera llegado bien, pero gracias a la maldita comunicación con otros países, no me pudo contestar. Al final, me mandó un mensaje contándome que, aunque fuera muy lindo el lugar, no la pasaba bien lejos de mí. Y a mí me pasaba lo mismo. Pero me sentía mal porque ella se estaba arruinando las vacaciones por culpa mía. No me gustaba eso. Por eso, traté de llamarla todos los días, simulando la alegría en mi voz para darle entusiasmo. Y se podría decir que en poco tiempo lo pude lograr. Pero esto no cambiaba nada. Cada noche me costaba dormir. Extrañaba sus labios, ese gusto tan dulce que dejaban en los míos. Eran los labios más deliciosos que hubiesen podido existir. Al igual que ella. Todo me parecía perfecto cuando estabamos juntos. Y cuando la besaba, me prendía en llamas. Pero tratando de contener el poder, ese poder de deseo que me llevaba hacia ella, o bien, a pensar en otro tipo de amor con ella. Un amor más adulto. Pero no se podía. Llegué a prohibírmelo. Por ahora. Marcelo, mi compañero de vagón, me invitó a una fiesta que daría en su casa al día siguiente. Supuse que me ayudaría un poco a relajarme, desconcentrarme y olvidar un poco todo el dolor que se me estaba acumulando, entonces acepté la invitación. Grave error. Esa noche, durante la fiesta, se me acercaron todo tipo de mujeres. Las rechacé a todas violentamente y me hundí en varios tragos de cerveza. Quedé acabado. A la mañana siguiente, yo seguía mareado, sin parar de decir estupideces, y Male me llamó. Reconoció que no estaba sobrio y se puso a llorar en el teléfono. Soy un monstruo.
-No sé, creo que me gustaría ir a un parque y tirarme en el pasto a no hacer nada -En serio? Yo tengo una idea genial.. -A ver.. -Por qué mejor no nos quedamos acá y nos tomamos unos licuados en la pileta? -Uhm, suena bastante bien -Jaja, viste? -Sí, obvio -Bueno, en mi cuarto tenés una malla -Qué? Y de dónde la sacaste? -La compré antes de irte a buscar ayer -Ja, entonces estaba todo planeado! -Se puede decir que sí Entonces pasamos toda la tarde en la pileta, charlando, jugando y tomando licuados. Como si fuéramos dos niños pequeños. Pero se pasó toda la tarde y tenía que volver a casa. Él me llevó en su coche, que al final era suyo, y me dejó en casa. Se despidió con un beso muy dulce y rápido para que mi mamá no nos descubriera. Entré a casa y tuve una corta conversación con ella mientras cenaba. Me acosté bastante tarde, ya que me quedé escuchando el iPod en la cama. Pensé en todas las cosas geniales que habían sucedido ese fin de semana. Era todo perfecto. Era como si un sueño se hiciera realidad. Pero de manera medio extraña. A la mañana siguiente, ya era lunes. Otra vez al colegio. Pero por suerte, no tenía que ir a estudiar, sino a buscar el boletín de notas. Todas estaban aprobadas, no me había llevado ninguna. Ahora tenía definitivamente vacaciones. Llamé a Seb para contarle y me dijo que tenía mucho trabajo, que después me llamaba. Esa tarde no fue muy divertida. No tuve más respuestas de él. Tendría tanto que hacer que se tuvo que quedar? Me preguntaba a mí misma. Esa noche, mientras estaba cenando, mi mamá me notó un poco preocupada. -Male, qué te pasa? No estás comiendo nada.. -No, es que se me enfrió la comida.. -Bueno, pero por eso estás tan deprimida? -No, no estoy deprimida -En serio, podés contarme -No estoy, mami.. en serio -Bueno, porque te quería contar algo que quizás te alegre -Qué? -El jueves nos vamos a Punta del Este! ¿QUÉ? No, no podía ser posible. ¿Cómo que YA nos vamos de vacaciones? Y a Punta del este? Queda lejos, no es como la costa! No, no puede ser. No quiero, no voy a dejar a Seb solo, no. -A-ahm, por qué tan pronto? -Porque me dieron las vacaciones antes en el trabajo! No es genial? -Sí, genial.. No podía ser posible. Me levanté de la mesa y me fui a mi cuarto. Le mandé un mensaje a Seb para contárselo, pero no hubo respuesta. Después de una hora, me contestó.
Cómo qe t vas a punta el juev? M voy a qedar solo.
Era algo insoportable. No podía dejarlo solo. Pero tampoco podía forzar a mi mamá a cambiar la fecha, no iba a conseguir nada. Ya estaba. Seguro me iba a pasar toda una quincena sin él. Sin poder verlo, sin poder besarlo, sin poder hablar con él personalmente. Un vacío. Eso iba a sentir. Y serían las peores vacaciones de mi vida. Pero ya nada se podía hacer. El jueves partimos con el avión. Ya se había acabado todo?
-Hay algo que quiero contarte –me dijo él mientras miraba al cielo..
-Qué? –le pregunté, llena de ansiedad.
-Yo siempre vengo acá los fines de semanas..
-Ay, al campo?
-Sí, justo a esta colina. Me gusta traerme algo para escuchar música y mirar las estrellas..
-Qué lindo..
-Sí, pero los días anteriores no pude concentrarme en las estrellas
-Uhm, por?
-Porque te tuve toda la semana en mi cabeza
-Amm.. en serio?
-Sí. Pensaba en cómo decirte todo lo que yo sentía por vos.. se me hacía difícil.
Hizo una pausa. Yo lo miré como si le pasara algo. Me di cuenta que él había levantado el torso y me miraba con sus ojos celestes, que a pesar de la oscuridad, brillaban más que nunca. Me estremecí y otra vez mis mejillas se pusieron rojas.
Él agarró un mechón mío y me lo apartó de la cara. Con la misma mano, me acarició el rostro, sin dejar de mirarme. Para tratar de disimular mi ruborización, y también escapar un poco de esa mirada que me ponía nerviosa, cerré los ojos. Enseguida, apenas antes de poder abrirlos devuelta, sentí sus labios sobre los míos. Por un largo rato. Sentía que me gustaba perder mi conciencia mientras él me besaba. Era como si pudiera volar. Era fantástico. Pero me animé a apartar su rostro del mío.
-Qué pasa? –inquirió él, con una expresión muy preocupada
-Necesito preguntarte algo
-Lo que quieras..
-Em.. va a sonar un poco estúpido, pero..
-Dale..
-Somos novios?
Era una duda innecesaria, pero necesitaba que él me lo dijera.
-Sólo si vos querés
-Obvio..
-Entonces sí, sos oficialmente mi novia
-Ay, qué cursi..
-Supongo que te gusta que lo sea
-Sí, amo que seas cursi
-Mejor así
Me apretó los labio con fuerza en un beso muy corto y me agarró de la mano, obligándome a pararme. Me llevó hasta el auto, me abrió la puerta y me sonrió apenas me senté. Fuimos a su enorme casa otra vez. Él sacó unas latas de Coca-Cola que tenía en el refrigerador y me dio una. En el patio de atrás, había una pileta enorme, iluminada con luces celestes a los costados. También había una hamaca para dos personas y un par de reposeras cercanas a la pileta. Con las luces, el viento fresco y el olor de las flores que tenía en el jardín, nada parecía arruinar el ambiente. Quizás yo, que desentonaba tanto al lado de alguien como él, pero me sentía feliz.
Nos sentamos en las reposeras y nos pusimos a hablar. Hablamos tanto que se me caían los párpados por el sueño. Me esforcé por quedarme despierta, pero no pude y Seb me tuvo que llevar a la cama en brazos.
La luz cegadora del sol, que entraba por las enormes ventanas del cuarto, me despertó enseguida. Seguía con mi vestido violeta y maquillada, pero mi pelo era un desastre. Me di cuenta de que estaba en una cama grande, matrimonial. Me estiré y bostecé una vez, y en eso, toqué algo. Asustada, me di vuelta. Él estaba ahí. Tenía el pelo dorado todo despeinado, llevaba puestos unos pantalones cortos y nada más. Dormía muy tranquilamente y no quise despertarlo. Pero luego de pasados dos minutos, no resistí más. Apoyé mis labios sobre los suyos, sin presionarlos. Abrió los ojos en el instante y antes de que pudiera decir algo, me sujetó la cara y me devolvió el beso. Esta vez fue algo desesperado, pero a la vez necesario, como si nos despidiéramos para siempre.
Cuando mi falta de respiración me delató, él detuvo sus labios. Me miró sonriendo con los ojos entreabiertos del sueño.
-Cómo estás, preciosa?
-Ahm.. probablemente dormida como vos, pero con la conciencia en otro lugar. Vos?
-Yo bien, feliz de este saludo
-Me gustaría despertarme al lado tuyo más seguido, si te hace feliz.
-Eso me haría el hombre más feliz del mundo. Lástima que tengas 14 y le pertenezcas a tu mami!
-Mentira, soy tuya solamente.
-Y yo tuyo, amor..
Le sonreí y me apresuré a levantarme. Me lavé la cara y me arreglé un poco el pelo. Bajé las escaleras y fui a la cocina a prepararme algo. Para mi sorpresa, él ya estaba ahí, con el pelo arreglado apenas, la cara un poco húmeda y aún, únicamente vestido con los pantalones cortos. Me sonrió apenas me vio y siguió leyendo el diario que había sobre la mesa. El microondas sonó y abrí la puertainmediatamente. Había un cortado, que supuse era para mi. Lo llevé a la mesa y me senté al lado de él. Ya que lo vi muy entretenido con la sección deportes, me puse a leer una revista. No pude concentrarme en otra cosa que en él. Se me enfrió el café y tuve que ir al microondas.
-Tratá de concentrarte en el desayuno, no en cómo leo el diario, si?
-Me cuesta mucho cuando estás cerca, sabías?
-A mi me cuestan tantas cosas cuando estás cerca..
-Como cuales?
-Como controlarme para no terminar acostándote conmigo..
-No seas ridículo, no tenés 30 años..
-No se si sabías que ésta es la peor etapa para eso..
De repente, en uno de los costados de la ruta, justo donde él lo señalaba, había un cartel que decía:
COUNTRY PINARES
Enseguida abrí los ojos como platos, pero rápidamente lo miré con cara amenazadora. -No quiero que pagues ningún country ni nada.. -No hace falta, ya tenía casa acá -Ah, bueh! Después criticás a tus amigos -No es tanta exageración esto, es bastante sencillo -Mmm.. como quieras Seguimos con el auto por un camino, hasta unas cabinas con barrera en las que él mostró un carnet y lo dejaron pasar. Hicimos diez cuadras con el auto hasta llegar a una enorme casa blanca, con los vidrios espejados, una puerta enorme de madera oscura y mucho pasto verde en el camino. Realmente hermoso. -Estuve pensando en algo que podrías hacer –dijo, interrumpiendo mi momento de admiración -Ohm, qué? -Llamá a tu vieja, decile que vas a dormir acá -Ah, sí, qué fácil. -Por? -Seguro que va a querer hablar con tu mamá.. -Jaja, no creo -Bueh, preparate para para el NO! -Dale, llamala -Ok. Marqué el número de casa. Me atendió ella. Me preguntó si ya había terminado la fiesta y si la había pasado bien. Le contesté a todo que sí y ella parecía bastante contenta. Le dije que me iba a quedar a dormir en lo de Seb, y para mi sorpresa, me dijo: buenísimo! Me pidió que le avisara mañana a la hora que volvía. Me dijo que me quería y buenas noches. Ajám. -Y? -Me dejó –contesté exhorta -Jajaja, viste? Yo sabía.. -Bueh.. y para qué me querías llevar a un lugar más privado? -Uhm, creo que vos lo sabés muy bien.. Aferró su mano a mi pelo suelto. Sentí que me acariciaba la parte de atrás del cuello y entonces en mi oído comenzó a susurrar una canción. Una canción hermosa. Algo que yo ya había escuchado antes. Pero su voz aterciopelada y de miel, me hacía confundir. -You are here, so am I. Maybe millions of people go by. But they all disappear from view, and I only have eyes for you. -Asd, creo que me voy a desmayar.. -No! Por qué? -Porque no puede ser que me cantes ESA canción -La conocés? -Obvio, la amo.. -Oh, qué cagada -No! Por qué decís eso? -Yo quería ser el primero que te la cantara -Y lo sos! -No, cuando escuchás el CD, te la canta Jamie Cullum! -Jaja, pero esto es de verdad, y me encanta. -Y a mí me encantas vos -Uhm, estoy perdiendo la conciencia.. -Realmente tendría que dejarte respirar -Callate, seguí.. Me agarró de la cintura y me aproximó lo más que pudo a él. Cuando estuvimos tan cerca, que pude sentir su respiración en mis oídos, me dijo: -Esta vez no me interrumpe nadie.. Terminó la frase y sus labios presionaron sobre los míos con la más cuidada delicadeza. Sus manos despeinaban mi cabello lentamente, tratando de concentrarse en otra cosa para no exagerar mucho el momento. Yo estaba perdida. Al igual que mi conciencia. Sentía que me habían inyectado con algo que me hacía perderme y no querer regresar. Él pausó el beso apenas se dio cuenta que me faltaba la respiración y ya me estaba poniendo pálida. -Creo que me acordé que tenés 14 -¿Qué? ¿Y eso qué importa? –pregunté todavía atontada mientras agarraba su cara y me la acercaba a la mía. -No, en serio.. no quiero zarparme con vos. -No te pido que te zarpes, quiero un beso. -Sí, justo por eso te digo, así empieza todo.. -Está bien, cuando se te pase, me lo das. -Sí, lo prometo. -Bueno.. -Mmm.. subite al auto, te quiero mostrar un lugar.. Nos subimos al auto muy rápido. Manejó en silencio. Él me agarraba de una mano. En dos minutos aproximadamente llegamos a una cancha de golf. Todos los hoyos con banderitas y todo el terreno repartido en pequeñas colinas. De noche había muy pocas luces encendidas. Cerca de un hoyo había un especie de arrollo simulado, con agua prácticamente transparente. Sin soltarme de la mano, me llevó a una de las colinas y ahí nos acostamos en el pasto. Como no había muchas luces y edificios, las estrellas se veían perfectamente. Era una noche más que perfecta. -Hay algo que quiero contarte –me dijo él mientras miraba al cielo..
-Bueno.. que yo.. te invite a más fiestas o a salir?
-Ahm, sí! Obvio que me gustaría! Me encantaría!
-Ah, es genial! Porque a mi me encantaría poder verte mucho más seguido..
-Y a mi también..-me puse roja como un tomate
-Bueno.. llegamos –cambió de tema
-Aaaaay, qué lindo lugar!
-Viste? No puedo creer la plata que tienen algunos..
-Es la casa de tu amigo? –pregunté gritando
-Se..
-Woow! –exclamé demasiado sorprendida
Él bajó del auto, cerró la puerta. Yo estaba ya abriendo la puerta, pero él llegó antes y me agarró de la mano para ayudarme a bajar. No me gustaban las cosas cursis, pero no importaba mientras él lo hiciera. Fuimos de la mano hasta la entrada y él golpeó la puerta. Me sentía feliz, aunque estaba más roja que nunca. Salió el compañero de trabajo, que yo ya conocía. Ese tipo insoportable que se reía como un desesperado y tenía la cara más insoportable del mundo. Traté de sonreírle lo mejor que pude cuando me vio. Él me sonrió enseguida y lo codeó a Seb mientras le guiñaba el ojo. Entramos en la casa. Era magnífica. Perfecta. No como el dueño. La gente nos saludaba a medida que íbamos entrando. En el patio de la casa, hermoso como todo, había una especie de boliche. Luces de colores en todos lados y música que mover el vino en las copas.
-Quiere bailar, señorita? –me agarró de la cintura rápidamente
-Por supuesto! –no pude ocultar mi felicidad.
Bailamos bastante tiempo. Llegaron los lentos. Apenas sonó el primer tema, él dijo Uuuh y después me tomó de la cintura otra vez, obligándome con la mirada a que yo lo rodeara en el cuello.
-Cómo me gusta este.. –hizo una pausa otra vez
-Este qué?
-Este tema..
-Ah, no lo conocía.. está bueno
-No me gusta mucho para escucharlo, sino para.. bailarlo
-Ahh –me sonrojé demasiado
-Y con vos..
-Oh, mirá vos
-Ssse..
Se me acercaba. Se me seguía acercando. No quería pensar en otra cosa que en él. Esta vez no era un sueño. No había que desperdiciar nada. Era perfecto.
Y rozó sus labios con los míos. Pero fue todo lo que hizo. Miérda.
-Ehm.. perdón que los interrumpa –dijo un chico atrás de él
-Grr, dame un segundo –me susurró y se dio vuelta
-Agh, está bien
-Si? –le preguntó al chico
-Seb, te acordás de mi?!
-N-no.. perdoname..
-Ehm, somos compañeros de la secu!
-Como es tu nombre?
-Adrián
-Ah, sí, me acuerdo.. bueno, perdoname, pero después hablamos, sí?
-A-ah, sí, está bien –dijo el chico y se fue. Seb se dio vuelta y se encontró con mi cara.
-En qué estabamos? –me preguntó con la mirada más seductora del mundo.
-Ah, no sé, no te acordás?
-Uhm, obvio.. –se me volvió a acercar, pero esta vez no pudo ni rozarme los labios. Se encendieron unas luces cegadoras. El dueño de la casa estaba parado en una silla con un alta voz y todas las luces del enorme patio estaban encendidas. La música se había detenido. El amigo insoportable hablaba de que habían puesto una nueva mesa de quesos y fiambres para probar y que no dudáramos en ir a visitarla. Qué tontería. El me agarró de una mano y me apartó del lugar hacia un rincón con una cara de impaciencia pura.
-Me gustaría llevarte a algún lugar, donde estemos a solas..
-Pero.. en serio querés dejar la fiesta?
-Si está llena de gente insoportable que no le importa interrumpir, sí
-Jajaja, como vos quieras..
Me agarró de la mano, me llevó hasta donde estaba el amigo y le explicó que yo tenía cosas que hacer mañana y que nos íbamos. El amigo le insistió para que nos quedáramos, pero él no le hizo caso. Salimos del lugar muy rápido y nos subimos al auto enseguida. Aunque tenía cara de pocos amigos, me animé a hablarle.
-A dónde tenés planeado raptarme? –mi pregunta cambió su expresión a una sonrisa.
-Mm.. es una sorpresa
-Ay, dale.. no me gustan las sorpresas
-Esta te va a gustar
-Te puedo hacer una pregunta?
-No te voy a decir nada del lugar, eh
-No, es sobre otra cosa..
-Ah, dale
-Por qué no me dijiste que estabas enamorado de mí?
-Porque todo hubiese perdido la magia.
Me quedé helada. Eso era, él quería que todo fuese como un cuento de hadas. Nada podía ser más perfecto. Aunque no lo quisiera tanto así, era perfecto si era con él.
Llegamos a una ruta. Me empecé a alarmar. ¿A dónde me llevaba? ¿A las afueras? ¿Y si no llegábamos a tiempo para que mi mamá no me castigara?
-¿QUÉ? ¿A dónde vamos? No puedo llegar a cualquier hora a casa, eh!
-No te preocupes, no vamos a ningún lado fuera de la capital
-Ah, no?
-No, incluso ya estamos llegando.. mirá..
De repente, en uno de los costados de la ruta, justo donde él lo señalaba, había..
-¿QUÉ? Y ahora qué hago?! -Ahm, no sé.. -Y me comí todo un viaje, la p.. -Eeeey! No es tan malo.. por lo menos pudimos vernos, no? -Sí.. -Tengo una idea! -¿Qué? -Y si vamos a caminar por la calle Florida hasta el Burger gigante y ahí nos tomamos algo? -Jaja, está bien.. Perfecto. Eso era perfecto! Pasar caminando juntos por una calle peatonal llena de gente que en realidad no existiría, porque sólo importaría él. Lástima que hubiese sido mejor, de noche, sin nadie más en la calle, pero estaba bien. No hay que adelantar tanto. Caminamos unas cuadras y enseguida llegamos. Nos metimos en varios locales. Nos compramos discos en Musimundo. Bah, en realidad, los compró él y me los regaló. Tardamos mucho en llegar al Burger, porque estaba a muchas cuadras. Pero en un momento, cerca de un local de perfumería: -Te puedo ofrecer este perfume nuevo?- le dijo un promotor a él -No, no gracias.. -Pero, lo podés regalar para alguna ocasión especial, también tengo de mujer, para ella, tu novia.. Me puse más roja que nunca. Él le dijo que no otra vez y después me miró sonriéndo. -Por qué te pusiste roja? -Roja yo? No me di cuenta.. -Dale.. -En serio! -Bueh, no importa. Ya fue Odiaba tener esas conversaciones con él. Me hubiese gustado poder decirle que había sido por lo que había dicho el promotor y que él me dijera cosas estúpidas pero hermosas. Agh, dejá de soñar. Al final, llegamos al Burger. Me pedí una coca y él se comió una hamburguesa simple porque no había comido ese día. Hablamos de otras cosas, de su trabajo, de cómo me iba en las materias, cosas aburridas. -El sábado tengo una fiesta –me contó -Ah, qué bueno! -No sé, no tengo muchas ganas de ir.. -Por? -Pasa que no va gente que yo conozca, sólo un amigo del trabajo que me quiere presentar a sus amigas.. -No suena tan mal, por ahí conocés a alguien.. -No soy muy bueno para conocer chicas.. -Ah! Mirá vos.. y yo qué soy? -Jajajaja, yo digo en un boliche, o fiesta.. -Ahh, pero no es tan diferente, le podés decir algo que creas que le interese.. -Na, realmente me parece que no voy a ir.. -Uhm, me parece una estupidez eso.. que no vayas porque no con- -Querés venir conmigo? Se me paró el corazón. No, no sentía nada. No respiraba. ¿Era todo verdad? -Ehm.. como quieras vos.. -Sí, por supuesto que quiero.. -Bueno, entonces sí –me di cuenta que no paraba de sonrojar. -Genial, ahora sí me dan ganas.. y además me ahorro tener que conocer chicas.. -Jajaja, qué tonto que sos -No me digas eso, me lastima :( -Dale, dejá de joder.. -Bueno, empieza a las nueve, pero tenemos que salir a eso de las ocho porque es bastante lejos.. -Está bien -Pedí permiso y me avisás, dale? -Obvio! -Bueno, gracias, en serio.. -No, no me lo agradezcas -Sabés algo? -Qué? -Te quiero regalar algo para que te pongas el sábado -Nooooo! -Sí! -Nono, ya me regalaste este disco hoy, basta! -Sí, yo quiero! -No! -Bueno, no me importa lo que digas, yo quiero -Si me lo comprás, no voy -Malena, eso no te lo cree nadie -Ah, no? Querés que no vaya? -Sí quiero que vayas.. -Entonces dejá de gastar plata en mí. -No, basta, yo quiero. -Bah, está bien -Jaja, qué facil que es convencerte.. -Como quieras ¬¬ Me agarró de la mano y dejó todo asi nomás. Por suerte yo tenía la cartera en la mano. Salimos de Burger rapidísimo y me llevó hasta un Complot que estaba por ahí. Lo más cercano al Burger que había. Trató de hasta elegirme la ropa para llevarme! Al final, me llevé un vestido violeta muy lindo que a él le encantó. Lo convencí de que tenía zapatitos en casa para ponerme, para que no intentara comprarme. Después, le dije que me tenía que ir a casa, sino mi mamá me iba a castigar y no me dejaría ir a la fiesta. Me acompañó en el subte, pero en el colectivo, se tomó otro, ya que se bajó en Pasco. Llegué a casa y me la pasé leyendo Eclipse toda la tarde. Me acosté temprano, porque estaba muerta. No se por qué! Ese día había sido el mejor de todos. El resto de la semana, él no paraba de hablar del sábado y que hacía mucho que no iba a fiestas, blabla. Estaba feliz porque mi mamá me había dejado ir, aunque no lo conociera, cosa que me parecía un poco rara. Le tuve que mentir que era un chico de segundo año! Pero bueno, si a él lo hacía feliz. Los días pasaron demasiado rápido y yo no me di cuenta. Él estaba cada día más entusiasmado. El viernes a la noche, antes de que me vaya con la combi, me dijo: -Mañana te paso a buscar. Que no se te olvide quedar hermosa, eh? Igual no va a ser difícil, todos los días te acordás.. Eso me mató. No le presté atención a nadie en la combi. Estaba colapsada, nada me provocaba ninguna sensación. Solamente él. Estaba pensando todo el tiempo en qué hacer. Si ir a la peluquería sería mucho.. mi mamá se daría cuenta que él tiene 19 años? No creo, pero por lo menos no le interesaría. El sábado llegó muy rápido. No fui a la peluquería, pero me hice un peinado bastante lindo. Me pinté muy simple, como siempre. Me puse el vestido violeta, unas chatitas negras que tenía y salí. Él ya estaba en la puerta. Atrás de él había un auto negro con los vidrios polarizados. Nuevo. Muy lindo. Pero.. de dónde lo habría sacado? -Wow.. –me dijo él con una sonrisa satisfecha. -Já, callate.. eso es algo para decir wow! –exclamé señalando el auto. -Na, me lo prestó mi hermano, me tendría que comprar uno.. -Sss.. -No te preocupes, no lo voy a hacer, prefiero viajar con vos en subte -Basta, no hagas más cumplidos que me los voy a creer.. -Esa es la intención –me dijo mientras me abría la puerta Me subí rápidamente. Todo el viaje estuvimos escuchando Blur, hablando de la fiesta y de lo entusiasmado que estaba. En ese momento me hubiese gustado saber por qué tanto entusiasmo. Pero no quería arruinar nada en ese momento. No era como las películas de amor, pero estaba bastante bien. -Te puedo hacer una pregunta? –inquirió él -Claro. -A vos te gustaría que yo..
Pero.. ¿Qué pasó? Nada. No pasó absolutamente nada. Eran las 12:51 del mediodía, estaba muerta de calor en mi cama y mi ventilador estaba apagado. Pasaban cinco colectivos de la línea 24 a la vez por mi ventana. Mi cabeza daba vueltas y vueltas. Todo me parecía pesado. ¿Sólo había sido un sueño? No, no puede ser. Qué tontería, sí puede ser. Es imposible que él se me acerque tanto.¿Qué día es?
Era martes. Ni siquiera había empezado ese día que yo había soñado. Bueno, sí había empezado, pero no para mí. Las alternativas eran otras en ese momento. Las únicas que me convencían eran las que yo pensaba que me había agarrado una conmoción cerebral y no había ido al colegio por un día, y quizás, ya era miércoles. No, puro delirio.
Me levanté de una vez, tomé el desayuno, me duché. Abrí el mail, le mandé la foto a Seb. No hubo respuesta automática. Quizás los revisaría después. Yo tendría que seguir mis cosas. Comí a eso de las 13:30 y miré una película que estaban dando en la tele. No era interesante, pero no tenía nada que hacer. Se me ocurrió conectarme al Messenger. Eran las 14:50. Hablé con un par de amigas. Me fijé en mi mail. Nada, no había respuesta aún. Se hicieron las 15:10. Me preparé todo para salir a la hora de siempre. Me arreglé un poco, me delineé apenas y salí. 15:30 justo. Me tomé el 135. Después el subte. Me subí al primer vagón. No había gente, muy poca. Mordí un pedazo del alfajor que había comprado. Pasó Loria. Plaza Miserere. Todo bastante normal. Llegó a Pasco. A la primera persona a la que ví subir en medio de toda esa multitud, fue a él. Todo su pelo rubio brillaba, ni un mechón desentonaba. Sus ojos azules atentos, me buscaban. Y yo no dejaba de vigilarlos. Mi expresión era horrible. Me faltaba nada más que se me cayera la baba. Qué vergüenza. Él, que parecía un dios del Olimpo, y yo una simple estúpida embobada que soñaba con él. Esta vez, había algo diferente. No llevaba su traje negro y elegante de empresario. Se había vestido normal. Llevaba una camisa a cuadrillé roja y negra, un jean negro recto, y unas zapatillas Adidas blancas, con las 3 tiras azules. Estaba perfecto.
En ese momento, en que yo lo apreciaba como si fuera el mismísimo Damon, él me encontró:
-Maaale! Te estaba buscando!
-Jaja, hola!- fue lo único que pude responder, mientras él se sentaba y me daba uno de esos besos en la mejilla que me dejaban muy roja.
-Y? Cómo te fue con tu mamá?
-Bien, no me retó ni nada..
-Ah, genial! Pero.. le dijiste que volviste conmigo?
-No.
-Jaja, no te animaste?
-No me dejó hablarle! Apenas le dije que la combi se había ido sin mi, se puso a llamar al conductor y amenazarlo..
-Y, las madres son así..
-Qué se yo..
-Y que tenés hoy?
-Uh, materias re pesadas..
-Tuviste mucha tarea?
-No, nada..
-Ah, genial
-Sí.. pero más genial es como te viniste vestido hoy!
-Jajajajajaja, gracias..
-A qué se debe?
-Hoy no tuvimos trabajo porque había desinfección en el edificio, asi que me vestí normal, como te prometí..
-Ay, que bueno!
-Sí, viste..
-Pará..
-Qué pasa ahora?
-Osea que aunque no tenías que ir a trabajar, igual viniste en el subte?!
-Ssss.. te molesta, no?
-No! Me encanta que viajes conmigo (Ups, se me escapó), pero no podés hacerlo si no tenés razón!
-Si que puedo, y sí tengo razón
-A ver.. cuál es tu razón?
-Vos.
-¿Yo?
-Sí
-Pero.. yo no tengo nada que ver..
-Sí, mirá.. me caes muy bien y creo que hasta somos amigos.. tengo razones para no verte?
-No, bueno.. está bien
-Jaja, viste..
-Dale, bajemos..
Ya estábamos en Perú. Hace mucho que no me daba cuenta cuando llegábamos. Siempre estaba muy ocupada pensando en él o mirándolo. Pero esta vez, no había entendido mucho el significado de sus palabras; creo que hasta somos amigos.. ¿Cómo “creo”? Somos amigos! Más que eso.. supongo.
Caminamos al colegio, él no paraba de contarme cosas sin sentido, todas cosas sobre su trabajo, la desinfección, las quejas que tenía. Ya enserio parecía mi papá. No me sentía cómoda. Pero en un momento, la palabrería se cambió por un hasta que te conocí. ¿Qué? ¿Estaba escuchando bien?
-Perdón, me explicás esa frase.. estoy un poco perdida
-¿Qué, lo de que te conocí?
-Sí
-Ah, que siento como que sos esa amiga que me venía faltando, esa persona que comparte gustos conmigo, que puede hablar conmigo, todo eso..
-¿Eso pensás de mi?
-Emm.. sí
-Ah
-¿Hay algún problema? ¿Vos querés algo más que eso?
No! ¿Se habrá dado cuenta? No, no puede ser.. no! Se me arruinó todo. No, esperá.. todavía le puedo contestar. Pero.. ¿qué le contesto? Ya sé, lo rechazo un poco con cara de mala.
Él se me puso en frente, bloqueándome el camino.
-No, dejame caminar- le dije mientras lo empujaba hacia un costado
-Porque si decías que sí..
Cerré la boca. Me di vuelta para ver la cara que tenía. Tenía una sonrisa enorme, satisfecha. Buscando algo más de mi. Pero no lo iba a conseguir.
-Mirá, no me interesa, ok?
-Yo se que sí
-Te estás volviendo molesto..
-Perdón.
Se recuperó totalmente, había vuelto a ser el Seb de antes. Tenía esa mirada curiosa y no dejaba de sonreír, pero tímidamente.
-Te acompaño a la entrada..
-Está bien.
Fuimos hasta la entrada, pero el colegio estaba cerrado. Había un cartel pegado a las rejas..
A la mañana siguiente me desperté de muy buen humor. Era de esperarse. Pero no aguanté más, a alguien tenía que contarle lo que me estaba pasando. Y telefoneé a Maru. Ella era mi mejor amiga y decidí que se lo contaría todo. Aparte, no tenía nada que hacer, prácticamente las clases habían terminado para mi. La llamé. Le conté todo todo. No se me escapó ni un detalle. Ella me escuchó de lo más interesada y opinaba de vez en cuando. Le encantó mi historia de amor y me dijo que quería conocerlo. Le prometí que algún día se lo presentaría. Me dijo que tenía cosas que hacer, que otro día la telefoneara para contarle más sobre él. Le dije que sí. Colgamos. Me di cuenta que realmente no tenía nada que hacer, entonces prendí la computadora. Revisé mis mails, y en eso me acordé que le tenía que mandar la foto a Seb. A pesar de mi pelo despeinado por el viento de ese día y mi cara toda sonrojada por estar al lado de él, la foto me encantaba. Él estaba como yo lo quería. Despeinado, rubio, con sus hermosos ojos azules que me congelaban. Volví a concentrarme y busqué el cable para bajar las fotos de mi celular. Estos días me estaba costando concentrarme por culpa de él. Me hubiese gustado poder decírselo, pero no podía. Bajé la foto, se la mandé. Luego me conecté al MSN para hablar con alguien, el aburrimiento me podía. Estaba Luna conectada. Me preguntó cómo había viajado si la combi se había ido. Le conté que me fui en subte, pero no le conté que lo hice con él. Seguía aburrida. Me dediqué a apretar el botón de ‘Actualizar’ en mi casilla de mails hasta que ví que me llegó uno: Remitente: jackcampos@hotmail.com Asunto: RW: Fotos
‘Qué rapido’ me limité a decir. Lo abrí tan pronto como mis manos dejaron de temblar por la ansiedad. Maldita ansiedad. El mail decía:
Male! Qué tal? Bueno, acabo de recibir la foto, mil graciass! Realmente no sabía cuando me la mandarias, jeje. Espero verte hoy, eh, asi me contás que onda con tu vieja ayer. Jaja, espero que no te haya retado mucho.. AH, me acordé.. hoy me siento en el primer vagón :) Beeeesos, Seb.
Qué lindo, dios, qué lindo me resultaba saber algo de él. Y aunque parezca una tontería, sentía que me volaban mariposas en el estómago. Ya se estaba convirtiendo en algo más que gustarme. Ya era amor lo que sentía por Seb. Pero no quería adelantarme mucho, porque quizás él no quería nada conmigo. O quizás sí. Maru decía que él me tiraba mucha onda, pero que yo no me daba cuenta por estar tan atolondrada mirándolo o pensando en él. Quizás tenía razón. Por ahí sería mejor que empezara a ver la onda que me tiraba. Entonces no se me ocurrió nada mejor que contestarle el mail:
Hola! Cómo estás, Seb? Bueno, espero que te haya llegado bien la foto y la disfrutes! Jaja, con mi vieja no hubo problemas, después te cuento mejor. Yo también me siento en el primer vagón hoy :D Un beso, Male.
Y lo mandé. Me pareció un poco tonto, pero no tan exagerado como el de él. Bueno, por lo menos escribiendo. Bueno, no, no podía pensar que él era exagerado, no! Agh, basta. Me aburrí tanto esa tarde, que se hizo eterna. En un momento me quedé 20 minutos pensando cómo me iba a peinar. Pero, si todos estos días había estado yendo con el pelo común, con mis rulos naturales. Quizás a él le gustaban mis rulos. Qué perdía en preguntarle? No, quizás era demasiado temprano. Por ahí, cuando tengamos más confianza entre nosotros, se lo podría preguntar. Pero si de repente, yo descubría una señal de onda, se lo preguntaría. Si me animaría. Bueno, al final fui al cole con mis rulos naturales, un poco delineada como siempre, y con ropa totalmente normal. No me gusta impresionar mucho con lo que llevo puesto, soy tímida en esos casos. Y varios más también. Como en él. El viaje fue así: primero, subí al colectivo lo más bien, escuché música obviamente para distraerme un poco y que se me pasara el tiempo más rápido. Segundo, bajé, crucé Acoyte y bajé a la boca del subte. Pasé con mi boleto estudiantil por los molinetes, me fui a la punta de la estación, donde siempre quedaba el primer vagón. Esperé mas o menos 3 minutos al subte. Me desesperaba, qué estupidez. Al final subí. Seguía escuchando música. Las estaciones se pasaban rápido. Castro-Barros. Loria. Plaza Miserere. Stop! En la próxima parada, él subía. Ay, dios. Ya llegó el momento. Bueno, respirá, no es grave, es solo un chico. No, no es solo un chico. Es él. Se cierran las puertas. Ruido, ruido, ruido. Se apagan las luces amarillas. Se vuelven a prender. Adiós, Alberti. Más ruido. Más. Más. Un poco más. Pasco. Se abrieron las puertas. Mucha gente, mucha. Yo estaba en la primera puerta, a la derecha. No lo ví. Me deprimí. Mucho. Todo el día malgastado por un chico y él ni siquiera se dignó a aparecer. Qué bien, eh. No creo que después de esto quiera volver a viajar con él. No, aunque no lo soporte. Peor es soportar una cosa como esta. Me está tomando por tonta. No, así no va. -Hola señorita.. Me paralicé. No tenía palabras. La voz aterciopelada había aparecido. Como por arte de magia, estaba ahí. O sería mi imaginación? Sí, seguro era eso. No le voy a contestar a una voz imaginaria, voy a parecer una loca. -Ey! Se-ño-ri-ta!- dijo, ya casi gritándolo. Me tocó un hombro con su dedo índice. Me dí vuelta. -Hola! Pensé que no venías.. -Te prometí que lo haría -Es verdad, pero no tenés que prometerme nada a mí. -Sí, si tengo. -Y.. por ahí se te había atrasado un poco la cosa.. -No creo, yo tengo todo el tiempo del mundo para vos.. -Para mi? -Cuando prometo algo lo cumplo. -Ajám, lo voy a tener en cuenta -Me alegro -Ahm.. -Y? Me puedo sentar al lado tuyo? O no querés? Qué pregunta era esa? Cómo no voy a querer! -Sí, sentate.. Y se sentó. Y otra vez su pierna pegada a la mía. Esta vez era mejor todo. Además de su pierna, su mano estaba sobre la mía. Por favor, no la saques! -Bueno, qué onda? Llegaste bien ayer? -Sí, todo perfecto -Ah, menos mal. Casi no pude dormir. -Uh, por qué? -Necesitaba saber si habías llegado -Já, ves que parecés mi viejo? -No me digas eso, no me hace bien. -Cómo ‘no me hace bien’? -No, porque yo estoy preocupándome por tu bien estar, como un amigo, y vos me decís que soy hinchapelotas como tu viejo. -Mm.. no creo que mis amigos no puedan dormir por mi culpa.. -Bueno, a mi me pasa.. -Te pasó querrás decir -Desde que te conozco me viene pasando varias veces -Y a qué va todo esto? -No sé, quizás vos tenés la respuesta. -No me gustan los enigmas -Qué lástima, ganarías mucho con resolver este.. A qué se refería con eso? Sería un enigma sobre saber si él está tan enamorado de mi como yo de él? No, los chicos no hacen ese tipo de bromas. No es probable. -Qué gracioso, eh.. -No es una broma -Dale, dejá de joder.. -No es una broma! -Bueno, ok. -Bajamos? -Sí, dale Ese recorrido por el túnel fue el más silencioso. Metí la pata, era obvio. Él quería que yo averiguara ese enigma. Y si era lo que quería, yo lo iba a hacer. Mejor se lo proponía. -Me parece que voy a tratar de resolver tu enigma -Yo sabía -Pero voy a estar todo el tiempo pensándolo, seguro me pierdo algo importante en el colegio. -Entonces te voy a dar una respuesta -Cuándo? -No, mejor no. -No! Ahora me lo decís! -No, es demasiado temprano. No, es demasiado temprano. Qué!? Es lo que yo estoy pensando? -Nunca. Para mi nunca es demasiado temprano ni demasiado tarde, sabelo. -Ah, sí? -Exacto. Ahora me lo vas a decir? -No. -Andate a c.. -Ep.. me parece que mejor te dejo sola -Nooooooo! -Ok, ok.. Adsh, porqué mierda tuve que gritarlo? -Bueno, vamos al cole, llego tarde sino.. -Tarde? Si son las 4:42! -Quiero ver a mis amigas! -Pero si las ves cuando entran.. -No a todas, no estoy en la misma división que algunas.. -Las ves en el recreo -Para qué me retenés? -Todavía no te lo voy a decir -Qué? El enigma? Ya sabía -No, todavía hay cosas que no te puedo decir. Como por ejemplo esa. -En serio, dejá de joderme.. lo único que querés es que me distraiga en el colegio y salirte con la tuya y nunca jamás aparecer. Eso querés. -De dónde sacas esas historias? -Es todo verdad -Entonces explicame, cómo voy a hacer para dejar de verte? Qué va a pasar en mi vida? Voy a poder dormir? Yo creo que no, y la culpa va a ser toda tuya. -Seb, recién nos conocemos -Yo creo que no -Sí! -La verdad es que siento como si te conociera hace mucho -Ah, qué lindo.. -No, en serio.. hay algo en vos que.. -Que.. -No, no puedo -Uh, listo, me pudrí. Chau. -Chau. Me di vuelta como ayer, esperando esa mano inoportuna que me tiraba para que lo saludara. Pero no. No apareció ninguna mano. Incluso, me quedé un rato parada ahí, esperándola. Me di vuelta al fin. Nadie. No había nadie. ¿Cómo? Nadie! No estaba él. No, no estaba. Eché un par de vistazos a las esquinas del colegio para ver si se había ido corriendo. No, ni rastros de él. Me enojé. Y esta vez fue para mal. Todo el día fue un bodrio. No presté atención a nada. Mi profesor de castellano me pidió que analizara una oración y lo hice sin ganas, con mala cara y voz de dormida. Mis amigas me contaban cosas y lo único que yo pude contestarles era ‘ah’. Me había arruinado la tarde. Pero en parte, seguro era culpa mía. Y ahora? Qué iba a hacer si no lo volvía a ver jamás? No sé, realmente me perdería. En música, como había sacado 8 en la prueba, no tuve que hacer nada. Estaba tan aburrida que me puse mi mp3 y me perdí un poco con las canciones. No quise poner ningún tema triste porque ahí si que iba a explotar del llanto. En un momento se me ocurrió ir al baño. Le pedí permiso a la profesora. Salí del salón y caminé lo más lento que pude por el subsuelo. Muy lento. Cuando llegué recién al SUM escuché: -Mm.. así que pensaste que te iba a dejar así nomás -Qué? Dónde estás? -Acá, Malena.. Como por arte de magia, apareció en la puerta del SUM como si fuera un alumno más, alguno de quinto año en hora libre. Me miraba con sus ojos azules como si yo fuera un pedazo de carne y él un perro. -Cómo hiciste para entrar?! No dejan entrar a cualquiera.. -Ya te darás cuenta que sí. Ni siquiera me preguntaron, pensaron que era de sexto. -Ah, pasás bien por eso.. -Sí, por suerte. -Y qué hacés acá? -Me di cuenta que hice muy mal en dejarte sola ahí, solamente diciéndote ‘chau’. -Menos mal que te diste cuenta.. -No quiero volver a hacértelo -Ah, mirá vos.. -Me perdonás? -No creo que sea tan fácil conseguir un perdón mío. -Ah, me la hacés difícil encima -Claro -Qué querés a cambio? -Proponé algo.. -No voy a proponer nada.. -Bueno, jodet- -Voy a hacer algo. Me quedé helada. Automáticamente me tomó los hombros y se me fue acercando. A medida que lo hacía, sus manos bajaban de mis hombros a mi espalda y ahí quedaban. Menos mal. Todo mi estómago se revolvía, lleno de mariposas. Y era así, todo era perfecto. Pero..
Para cubrir las preguntas de mis amigas, que en realidad no tenían importancia, les contesté a todo que no, riéndome de las preguntas absurdas que hacían. ¿Qué, es tu novio? Epa, hace cuánto lo conocés? ¿Por qué no nos contaste? Es igual a Damon! ¿Cómo lo encontraste?
Pero eso no fue importante para mí. Lo importante es que ya no éramos dos desconocidos del subte, que de casualidad escuchaban la misma música y que nunca se iban a ver jamás. Ahora eramos.. se podría decir que amigos. Aunque no me guste el término, porque es obvio que yo quisiera algo más, todavía somos eso. Él se había comprometido a acompañarme hasta la puerta todos los días. Bueno, por lo menos aquella vez que traiga ‘ropa común’; algún día te voy a llevar hasta allá. Eso era justo lo que me había dicho esa tarde. Y realmente, cada vez me gustaba más.
Cambiando de tema, el colegio fue una total pesadumbre esa tarde. Como era lunes, teníamos 2 horas de inglés con mi insoportable profesor que nunca faltaba cuando yo quería, siempre lo hacía cuando a mi no se me ocurría. Igual no le presté mucha atención a su clase. Me quedé pensando en qué le diría mañana a Jack. Ay, qué nombre. Me hubiese gustado algo más normal, algo como Marcos, Facundo, Julián.. algo común. Encima ese nombre en especial no me gustaba. Había muchos nombres lindos en inglés, pero Jack no me gustaba para nada. Sería mentira que se llamaba Jack? Quizás lo dijo porque recién me conocía o para no tener que explicar su mail jack.campos@blabla. Bueno, eso no es importante. Ya me habituaría al nombre. Lo que importaba en era qué le diría al día siguiente.. se me tendría que ocurrir algo para charlar un buen rato. Algún tema de conversación. No sé, algo.
Después de inglés, tuve informática, la salvé de suerte y no me tuve que preocupar por ninguna otra materia más. Eso fue una alegría más en el día. Al final, la rutina escolar no fue muy divertida. Lo que siempre me divertía era el viaje en combi hasta mi casa. Era genial, nos divertíamos muchísimo.
Pero ese día, fue especial a la salida. Como todos los días, me quedé en la calle del colegio esperando a Luna para saludarla. Siempre salía más tarde su división. También me quedaba ahí y buscaba a Laura, amiga de segundo año para preguntarle cómo le había ido y que ella me contara de que no puede esperar más para ir a ver a Radiohead y también que me quiere robar mi saco porque es hermoso. Todo esto pasó. Incluso, cosa que no muchas veces hacía, acompañé a Sofía y Agustina hasta la esquina del colegio, donde ellas seguían hacia el subte E. Después de despedirme de ellas, antes de que me pudiera dar vuelta, una voz aterciopelada me dijo al oído:
-Qué hace a estas horas por la calle, señorita?
Me di vuelta, al final. Ahí estaba. Seguía vestido igual que como lo había visto esta tarde y con su pelo rubio todo despeinado por el viento. Me encantaba todo eso que en este momento estoy describiendo. Me encantaba todo él. Pero, basta. Él no lo sabía y no había que darle chance de saberlo, por lo menos, no por ahora. Me había quedado muda, contemplándolo. Al final, le contesté:
-Salgo del colegio, como todos los días.. y usted, señor?
-Señorito
-Ah, cierto.
-Vengo a cuidar que no le hagan nada, pueden ser peligrosas las noches por acá.
-Puedo cuidarme sola, no lo necesito, señorito.
-No creo que eso sea posible
-Igual me voy en combi, así que estoy totalmente protegida
Me di vuelta para señalársela pero no había ninguna combi. Ni tampoco nadie más en la puerta del colegio. Me preocupé demasiado y agarré mi celular para saber qué hora era, pero decía “Batería descargada” y no se prendía. Lo miré a él, buscando respuestas.
-Se te fue la combi?
-Qué hora es?
-Son las 10:30
-Nooooo! Me muero!
-Uh, perdoname.. querés que te lleve a tu casa?
-No, mi mamá me mataría si me ve con vos..
-Decile que soy un amigo tuyo de quinto año..
-Se pondría peor.. creeme. Pero, a todo esto, cuántos años tenés?
-19, porqué?
-Y ya trabajás!?
-Hay gente que elige no hacer la universidad ni la facultad, sabías?
-Sí, pero pensé que tenías cerca de 28.
-Epa, no me sumes más de lo que tengo. 10 años más es mucho.
-Bueno, no.. me voy a tomar el subte, me voy a lo de mi viejo.
-Está bien, te acompaño hasta los molinetes.
-Vos en qué te vas?
-En el A, obviamente.
-Ahh, ok.
-Por?
-Porque tendría que ir a mi casa, no a lo de mi viejo..
-Querés venir en el A?
-Pero me tengo que tomar un colectivo después..
-Cuál?
-El 135
-Ah, está bien, me deja cerca de casa.. a unas 8 cuadras, creo.
-Genial.. lástima que mi vieja me va a castigar de por vida y no voy a tener más celular.
-Por qué? Vos no tenés la culpa.. el tipo de la combi ni siquiera te buscó..
-Es verdad
-Viste? Al fin y al cabo vas a viajar conmigo, no con un extraño.
-Mmm.. en realidad no nos conocemos nada, es como si lo fueras.
-Ok, te voy a contar todo lo que quieras sobre mi vida, pero..
-Pero qué?
-Vos también lo vas a hacer.
-Sí, no tengo problema.
-Buenísimo.
Esa noche viajé con él. Hablamos durante todo el trayecto del subte. Tanto que casi nos pasamos de estación. Fue el mejor viaje en subte de toda mi vida. Bueno, no sé. Lo mejor de todo fue enterarme de casi todo en su vida y de que, como yo supuse, no se llamaba Jack. Su nombre real era Sebastián. Me gustaba mucho ese nombre. Seb, Seb, Seb. Sí, me gustaba. Preferí decirle así antes que Jack. Me contó que ese mail se lo había hecho un amigo que le decía Jack para joderlo. También resultó que nos gustaban las mismas bandas. Solo que su preferida era U2 y la mía, Blur obviamente. Después, en el 135 seguimos hablando, pero me tocó a mi hablar. Le conté muchísimas cosas. La verdad es que me gustaba poder compartirlas con él. Pero el tiempo en el colectivo volaba, y enseguida me tuve que bajar. Él se iba a bajar unas paradas después, supuse entonces que vivía cerca de casa, o a no muchas cuadras. Esta vez le di un beso ruidoso y él me lo devolvió, pero después de dármelo me dijo en el oído: grrr.
Obviamente, traté de volver a concentrarme en donde estaba y bajar antes que se me pasara la parada. Y sí, esa había sido la mejor vuelta a casa de todas. Incluso, justo en el momento en el que pisé el suelo de la calle, ya estaba ansiosa por verlo devuelta. Pero ahora tenía que concentrarme en mis problemas. Mis horribles problemas.
Por suerte, esa noche mi mamá estaba de buen humor y no me castigó ni nada por el estilo. Llamó a la combi para amenazarlos de que si volvía a pasar algo como esto, yo no volvería jamás a casa con ese transporte. . Me acosté temprano era todo lo que quería hacer. Y soñar, soñar, soñar.. dormir.. zzzzzz
Esa misma semana me resultó tremenda. Como faltaba poco para terminar las clases, mis profesores habían puesto fechas de exámenes y esa semana estaba cubierta. Como era obvio, no me pude concentrar en otra cosa que en la escuela. Y lo peor había sido que, como estuve mucho en lo de mi papá, tuve que viajar en el E, y por supuesto, no volví a ver al Damon trucho. Ni siquiera pude mandarle la foto que nos habíamos sacado, gracias a todo lo que tenía que hacer. Yo odiaba romper mis promesas, y se la había roto a él, que ni siquiera lo conocía casi nada, y me caía más que bien.. me gustaba. Por suerte, la semana más complicada del año, pasó volando. Aprobé casi todas las pruebas, pero no me preocupé tanto porque me quedaba una semana más para levantar informática, que no había podido salvar. El lunes de esa última semana, volví a viajar en mi amada línea A. Y en realidad, no me refería con ‘amada’ a la línea, sino a lo que milagrosamente había pasado cuando viajaba en ella. Estaba tan ansiosa por verlo que ni siquiera me concentré en la música. Miraba a la gente con tanta felicidad que asustaba. Pero en un momento, me di cuenta de algo que me borró la sonrisa: qué pasaría si él subía a cualquier otro vagón? No, eso no podría pasar, porque seguro quería ver si yo estaba, o hablar conmigo, o quizás reclamarme la foto que nunca le había mandado. Pero.. y si estaba enojado y no quería verme? No, no se puede enojar por una foto.. es una estupidez. Bueno.. no tendría que preocuparme tanto, porque seguro lo vería en la estación central del E y subiríamos las escaleras juntos. Pensando en todo esto, el subte ya había llegado a la estación Pasco, donde él se había subido. Se abrieron las puertas, y para mi sorpresa, entró mucha gente junta. El vagón se iba llenando de a poco, pero yo seguía sin entender porqué. No pude ver si él había entrado con toda la gente. Pero, en ese instante en que lo busqué con la mirada, una señora embarazada se me aproximaba y le dejé el asiento. Ya, parada al igual que los demás, se me hizo más difícil buscarlo, entonces tuve que esperar a la siguiente estación. Con suerte, como se trataba de Congreso, mucha gente con traje se bajaba y el subte iba recuperando sus espacios vacíos. En eso, al fondo de todo, ví esa cabeza de cabello dorado como el oro que estaba reclinada sobre una de las ventanas, en dirección contraria a mí. Era él, no había dudas. Hasta llevaba un traje muy parecido al que yo conocía. Por eso, sin pensarlo más, me paseé por el vagón, hasta llegar a donde estaba sentado. Para mi suerte, no tenía acompañante. Mi ansiedad iba creciendo mucho más, hasta un punto que no podía contenerla. Mi sonrisa se hacía cada vez más grande con cada paso que daba hacia él. Pero, en ese justo momento glorioso, una señora excedida de peso se sentó en mi deseado lugar. Mi cara reflejaba la total frustración, aunque sabía que la señora necesitaba el asiento. Caminé entonces, unos pasos más adelante del asiento y me apoyé contra el espejo del subte, que estaba al lado de las puertas centrales. Traté de no mirarlo, y que tampoco él me descubriera. Pero mi mochila me delató una vez más. En el preciso momento en que pensé que sucedería, escuché su voz: -Male! Tanto tiempo! Me volteé rápidamente y le sonreí como pude, deseando que no notara mi mal humor. -Sí, no? -Ay, pensé que habías terminado el cole y no ibas a venir más por acá.. te querés sentar? -Noo, gracias, enserio. -Bueno.. y qué es de tu vida ahora? -Pruebas, pruebas, pruebas.. levantar materias, blablabla.. -Uh, que garrón.. -Vos como andás? -Y yo mas o menos igual.. pero con el laburo.. -Ahh.. -No puedo salir a ningún lado de todo lo que tengo que hacer.. -No, obvio, yo tampoco! -Mm.. y esta semana ya estás más descansada? -Sí, la semana anterior fue un desastre -Me imagino.. las últimas semanas son terribles. -Sí, supongo.. -Che, y porqué no venías en el subte? -Es que estuve en lo de mi viejo, me tengo que tomar el E desde allá. -Aaaah, claro. -Sí.. Ya me sentía un poco incómoda. Además, teníamos que gritar para poder escucharnos, eso lo hacía peor. No sé si esta conversación era lo que yo esperaba para esta tarde. La escuela, el laburo, no poder salir.. no me gustaban ninguna de esas cosas. Y menos me gustaban cuando él las decía. Yo no imaginaba las cosas así, yo quería un cuento de hadas con él. Pero recién nos conocíamos. Agh. -Uh, acá me bajo..- dijo él, hablando en singular. -Sí, yo también- -Ah, cierto! Esto de que él no recordara donde me bajaba yo, me hizo enojar. Y mucho. Era claro que no la estaba pasando bien. Y su buen humor combinado con mi estado de enojo no funcionaban muy bien. Entonces, pese a mi cara de pocos amigos, me bajé pegada a él. En realidad, él se había pegado a mí. Hicimos todo el recorrido en silencio, hasta que llegamos a las últimas escaleras que teníamos que subir, las mecánicas. -Qué estás escuchando?- inquirió el, con su buen humor prendido todavía. -Emm.. nada, lo tenía apagado desde que me hablaste en el subte. -A ver, me lo prestás? -Sí, obvio.. Le alcancé mi viejo mp3, descuidado de extremo a extremo y de horribles colores. Cuando lo deposité en su mano, sentí sus dedos y enrojecí. Él me miraba en ese momento y no pudo evitar sonreír. Supuse que ya sabía lo que me pasaba. Y no me gustaba suponerlo. -Me gusta.. es viejito.. -Ah, sí. -No, pero, me gustan las cosas más viejas. Si me regalaran un iPod de última generación, francamente no lo usaría. -Ah, mirá vos. Mi voz no dejaba duda alguna de mi mal humor. -Qué te pasa? Te sentís mal? Al escuchar esto, traté de pensar en algo que no delatara que me sentía mal por que una señora me había usurpado un lugar al lado de él. -Me duele un poco la cabeza, nada grave. -Mm.. querés una aspirineta o algo? Qué tomás vos? -No, en serio, se me va a pasar.. -Segura? -Sí, no te preocupes.. -Bueno, cualquier cosa te comprás una aspirina, ibuprofeno o alguno de esos remedios de colores para chicas.. jaja -Jaja –dije, y me di cuenta que estaba sonriéndole. -Me gusta esa sonrisa..- dijo en voz baja, pero pude escucharlo. -Qué? -Eh.. nada! No dije nada.. -Mm.. yo escuché algo.. -No, en serio, una boludez. -Bueno, como digas -Eh.. y porqué no me mandaste la foto?! -Ah, no tuve tiempo.. perdoname. -Jaja, está bien, mandala cuando puedas. -Sí, te la mando esta semana seguro. -Está bien, yo no te apuro. Mañana viajás? -Sí, creo que sí.. por? -Para cuidarte el lugar.. -Jajaja, te lo tendría que cuidar yo, vos te subís después.. -Sí, pero hoy no tenías lugar vos.. -Se lo tuve que dejar a una chica embarazada.. -Ay, qué amor que sos! -A qué te referís? -Jaja, nada, dejalo así. -Bueno.. me tengo que ir al cole. -Te puedo acompañar a la puerta? -Está bien. Fuimos por el camino que siempre tomo yo, y le mostré todos los lugares que yo conocía por ahí. Me dijo que probablemente se quedaría en el ciber a trabajar un poco, ya que no le andaba la computadora en su casa. Llegamos al kiosco y paramos porque él quería comprarse algo. Me preguntó si quería algo, y aunque le dije que no, me compró un chocolate. Traté de devolvérselo, pero no me dejó. Me apretaba las manos cada vez que lo intentaba. Me gustaba eso. Llegamos al colegio, al fin. En la puerta estaban tres amigas mías, que cada vez que me acercaba más a ellas, se sorprendían del acompañante que tenía. Luna, Sofía y Agustina estaban ahí. Antes de llegar a ellas, lo detuve. -Aca es. -Ahm, no me dejás que te acompañe a la puerta, no? -Me van a preguntar muchas cosas, es inusual esto. -Qué cosa? Que llegues con cualquier amigo tuyo? -Sí.. pero no es tan inusual como tu traje negro de empresario y que seas probablemente 8 años mayor que yo. -Bueno, es verdad, pero algún día te voy a llevar hasta allá. -Bueno, está bien! -Y te prometo que voy a traer ropa común. -Estás bien así, me encantan los trajes de empresario. -Pero no creo que a tus amigas.. -Es verdad, creo que parecés mi papá así. -Qué guacha! -Es una joda.. me voy, chau. Me dí vuelta, pero enseguida sentí que su mano me tiraba, tal y como lo suponía. -No me vas a saludar? -Eh, sí.. Le di un beso rápido, tímido y sin ruido. Él me devolvió uno con ruido y que me dejó roja para toda la tarde. Como era de esperarse, mis amigas me interrogaron como si hubiera cometido un homicidio.