Atendí igual..
-Hola? –pregunté
-Ehm.. me parece que me equivoqué de número.. –me respondió una voz femenina. Conocida.
-No, este no es mi teléfono, con quién quiere hablar? –pregunté mientras apretaba los dientes.
-Ah, con Sebastián si es posible..
-No, no es posible, porque en este momento no está conmigo.
-Ahm, usted es la madre?
-NO, POR DIOS!
-Bu-bueno perdón.. con quién hablo? –preguntó asustada.
-Con la novia de él.
-Novia? Seb tiene novia? –preguntó aguantando la risa.
-Sí, ¿Qué problema hay? –inquirí haciéndome la indiferente.
-Nno, ninguno, bueno chau, graciass. Jjj.
¿Qué fue eso? Me pregunté a mí misma. Lo peor de todo, por qué se reía de que yo era la novia? O de que él tuviera una? No entendía a esa mujer, ni tampoco me caía muy bien. Bah, ya a estas alturas la odiaba. El punto clave era, por qué Seb no le había dicho que no quería nada con ella? No entendía. Pero, en un instante me di cuenta de algunas cosas. Me acordé cuando había conocido a Facundo, quien no podía creer que una chica de mi edad saliera con Seb, ya que él era más de salir con chicas de su edad. Y esta chica era obviamente de su edad, habían estado en la secundaria juntos. Ya me estaba doliendo todo esto.
Él llegó justo cuando me empezaron a llorar los ojos. Abrió la puerta del auto bruscamente apenas se dio cuenta y me encontró con su celular en mi mano, empapado de lágrimas. Esquivé su mirada y le puse el celular en una mano que tenía disponible. Me levanté del asiento y lo empujé despacio para poder salir del auto. Él me agarró de los brazos y me sentó devuelta. Yo seguí sin mirarlo, viendo cómo se me mojaba el jean con mis propias lágrimas. Él me alzó el rostro con sus dos manos, y me miró por un segundo que se me hizo eterno. Luego chocó sus labios con los míos desesperadamente, como en esas novelas insoportables de las cinco. Me despegué de su furia y bajé la cabeza.
-Qué, qué es lo que pasa conmigo? Tengo mal aliento, algo?
-No disimulás bien.
-Disimular qué?
-Ah, encima me preguntás, sos increíble, eh.
-Male, aunque te moleste, no sé de qué estás hablando.
-Sí que sabés. Seguro que ahora me decís que te olvidaste de decirle que tenés novia.
-Pero.. a quién? Te llamó algún amigo mío?
-No exactamente.
-Una amiga? Ahh.
-Ves?
-Sí, pero no entiendo qué pasó.
-Mirá, te llamó tu amiguita, esa Magali. Me pidió hablar con vos y le dije que no estabas. Cuando me preguntó quién era yo, y le dije que tu novia, se me echó a reír. Y, qué tenés para decir?
-Que no entiendo por qué tengo algo que ver yo.
-Porque no le dijiste que tenés novia!
-Y cuándo querés que se lo diga si no hablé con ella?
-Ahh, sí, claro.
-En serio te estoy hablando, Malena.
-Me encantaría poder creerte, pero yo no soy tan estúpida como vos creés. Te metiste conmigo porque creíste que con 14 años no me doy cuenta de nada. Te equivocaste conmigo. Me voy.
-No, Malena.. no empieces a decir estupideces. Vos sabés que yo no soy de esa clase de gente. Incluso creo que sos demasiado inteligente para tu edad. Parecés de más. Y me encanta tu forma de ser. Yo nunca te dejaría por una ex compañera de la secundaria.
-Por qué no, si tiene tu edad y todo, es perfecta para vos.
-Y a vos quién te dijo esa estupidez? Facundo?
-Por lo menos me lo advirtió.
-Te juro que le voy a romper la cara a ese estúpido, se la voy a desfigurar..
-Sebastián, por favor, es tu primo. Yo soy solo una de las tantas novias que tuviste.
-No, porque por si no lo sabías, casi ni tuve novias en mi vida.
-Ah, esperás que te crea eso también?
-En serio te lo estoy diciendo, por dios, a quién querés que te traiga de testigo?
-A nadie. Me hubiese gustado que fueras sincero conmigo.
-Y lo soy! En serio te digo! Por favor, Male, no me hagas esto.
-Yo? Hacerte qué? Vos no me hagas esto. Si hubiese sabido que esto iba a ser así, jamás me hubiese subido a ese subte.
Se quedó mudo. Empecé a llorar más y más. Él seguía completamente mudo, quieto y con el rostro más triste que pudo poner. Sus ojos estaban húmedos, pero no lloraban. Su boca estaba totalmente inmóvil, formando una línea recta. Parecía que no respiraba. Sus ojos miraban hacia la nada, perdidos. Estaba totalmente congelado en su pensamiento. Me sentí un poco culpable. Aquello había sido mucho para él. Sentí que mi error me comía por dentro. Lo miré a los ojos, sin respuesta. Me levanté del asiento, esquivé su cuerpo retorcido sobre el auto y caminé lentamente hacia la parada de un colectivo que me dejaba en casa. Mientras caminaba, mis piernas se debilitaban, mis ojos mojados no me permitían ver mucho y me temblaban las manos. Caminé unos dos pasos más, hasta que me debilité por completo y me caí de rodillas. Bajé la cabeza mientras seguía llorando y trataba de secarme las lágrimas. Aunque no quería, miré para atrás. Nada. La calle, la gente caminando. Ya no estaba. Sentí que me quebraba, y empecé a llorar cada vez más fuerte. Un chico que pasaba me preguntó si estaba bien, y me ayudó a levantarme. Me acompañó hasta la parada del colectivo y le agradecí lo que había hecho. Me quedé parada ahí, sola. Me perdí mirando las luces del semáforo y se me pasaron dos colectivos. Estaba totalmente vacía. De repente, en la calle que cruzaba la que yo estaba, se escuchó el chirrido de un auto que frenó de golpe, y un choque.


