viernes, 13 de marzo de 2009

Capítulo 26: Inmovil

Atendí igual..

-Hola? –pregunté

-Ehm.. me parece que me equivoqué de número.. –me respondió una voz femenina. Conocida.

-No, este no es mi teléfono, con quién quiere hablar? –pregunté mientras apretaba los dientes.

-Ah, con Sebastián si es posible..

-No, no es posible, porque en este momento no está conmigo.

-Ahm, usted es la madre?

-NO, POR DIOS!

-Bu-bueno perdón.. con quién hablo? –preguntó asustada.

-Con la novia de él.

-Novia? Seb tiene novia? –preguntó aguantando la risa.

-Sí, ¿Qué problema hay? –inquirí haciéndome la indiferente.

-Nno, ninguno, bueno chau, graciass. Jjj.

¿Qué fue eso? Me pregunté a mí misma. Lo peor de todo, por qué se reía de que yo era la novia? O de que él tuviera una? No entendía a esa mujer, ni tampoco me caía muy bien. Bah, ya a estas alturas la odiaba. El punto clave era, por qué Seb no le había dicho que no quería nada con ella? No entendía. Pero, en un instante me di cuenta de algunas cosas. Me acordé cuando había conocido a Facundo, quien no podía creer que una chica de mi edad saliera con Seb, ya que él era más de salir con chicas de su edad. Y esta chica era obviamente de su edad, habían estado en la secundaria juntos. Ya me estaba doliendo todo esto.

Él llegó justo cuando me empezaron a llorar los ojos. Abrió la puerta del auto bruscamente apenas se dio cuenta y me encontró con su celular en mi mano, empapado de lágrimas. Esquivé su mirada y le puse el celular en una mano que tenía disponible. Me levanté del asiento y lo empujé despacio para poder salir del auto. Él me agarró de los brazos y me sentó devuelta. Yo seguí sin mirarlo, viendo cómo se me mojaba el jean con mis propias lágrimas. Él me alzó el rostro con sus dos manos, y me miró por un segundo que se me hizo eterno. Luego chocó sus labios con los míos desesperadamente, como en esas novelas insoportables de las cinco. Me despegué de su furia y bajé la cabeza.

-Qué, qué es lo que pasa conmigo? Tengo mal aliento, algo?

-No disimulás bien.

-Disimular qué?

-Ah, encima me preguntás, sos increíble, eh.

-Male, aunque te moleste, no sé de qué estás hablando.

-Sí que sabés. Seguro que ahora me decís que te olvidaste de decirle que tenés novia.

-Pero.. a quién? Te llamó algún amigo mío?

-No exactamente.

-Una amiga? Ahh.

-Ves?

-Sí, pero no entiendo qué pasó.

-Mirá, te llamó tu amiguita, esa Magali. Me pidió hablar con vos y le dije que no estabas. Cuando me preguntó quién era yo, y le dije que tu novia, se me echó a reír. Y, qué tenés para decir?

-Que no entiendo por qué tengo algo que ver yo.

-Porque no le dijiste que tenés novia!

-Y cuándo querés que se lo diga si no hablé con ella?

-Ahh, sí, claro.

-En serio te estoy hablando, Malena.

-Me encantaría poder creerte, pero yo no soy tan estúpida como vos creés. Te metiste conmigo porque creíste que con 14 años no me doy cuenta de nada. Te equivocaste conmigo. Me voy.

-No, Malena.. no empieces a decir estupideces. Vos sabés que yo no soy de esa clase de gente. Incluso creo que sos demasiado inteligente para tu edad. Parecés de más. Y me encanta tu forma de ser. Yo nunca te dejaría por una ex compañera de la secundaria.

-Por qué no, si tiene tu edad y todo, es perfecta para vos.

-Y a vos quién te dijo esa estupidez? Facundo?

-Por lo menos me lo advirtió.

-Te juro que le voy a romper la cara a ese estúpido, se la voy a desfigurar..

-Sebastián, por favor, es tu primo. Yo soy solo una de las tantas novias que tuviste.

-No, porque por si no lo sabías, casi ni tuve novias en mi vida.

-Ah, esperás que te crea eso también?

-En serio te lo estoy diciendo, por dios, a quién querés que te traiga de testigo?

-A nadie. Me hubiese gustado que fueras sincero conmigo.

-Y lo soy! En serio te digo! Por favor, Male, no me hagas esto.

-Yo? Hacerte qué? Vos no me hagas esto. Si hubiese sabido que esto iba a ser así, jamás me hubiese subido a ese subte.

Se quedó mudo. Empecé a llorar más y más. Él seguía completamente mudo, quieto y con el rostro más triste que pudo poner. Sus ojos estaban húmedos, pero no lloraban. Su boca estaba totalmente inmóvil, formando una línea recta. Parecía que no respiraba. Sus ojos miraban hacia la nada, perdidos. Estaba totalmente congelado en su pensamiento. Me sentí un poco culpable. Aquello había sido mucho para él. Sentí que mi error me comía por dentro. Lo miré a los ojos, sin respuesta. Me levanté del asiento, esquivé su cuerpo retorcido sobre el auto y caminé lentamente hacia la parada de un colectivo que me dejaba en casa. Mientras caminaba, mis piernas se debilitaban, mis ojos mojados no me permitían ver mucho y me temblaban las manos. Caminé unos dos pasos más, hasta que me debilité por completo y me caí de rodillas. Bajé la cabeza mientras seguía llorando y trataba de secarme las lágrimas. Aunque no quería, miré para atrás. Nada. La calle, la gente caminando. Ya no estaba. Sentí que me quebraba, y empecé a llorar cada vez más fuerte. Un chico que pasaba me preguntó si estaba bien, y me ayudó a levantarme. Me acompañó hasta la parada del colectivo y le agradecí lo que había hecho. Me quedé parada ahí, sola. Me perdí mirando las luces del semáforo y se me pasaron dos colectivos. Estaba totalmente vacía. De repente, en la calle que cruzaba la que yo estaba, se escuchó el chirrido de un auto que frenó de golpe, y un choque.

lunes, 9 de marzo de 2009

Capítulo 25: Abasto

Por suerte, dormí bien esa noche. Sentí que con todo lo que me había dicho en el auto era suficiente. Ya estaba convencida de que él no querría nada con ella. Me sentía tranquila y segura de mí misma. Pero en el fondo, bien el fondo, sentía que me faltaba algo. Que todas las piezas no encajaban. Que necesitaba de algo conmigo. O alguien.
A la mañana, ya estaba sola en la casa. Mi mamá se había ido a trabajar más temprano, el novio estaba ocupado en otra cosa, y mis hermanos estaban en la colonia. La casa era para mí sola. Pero no quería aburrirme todo el día, entonces decidí arreglar con alguna amiga para salir. Gracias a mi constante embobamiento con Seb, no las veía muy seguido. Agarré el teléfono, y llamé a mi mejor amiga. Por supuesto que estaba durmiendo y me dijeron que la llamara más tarde. Colgué el teléfono y al instante sonó mi celular.
-Hola, preciosa, cómo dormiste ayer? –me preguntó la voz más dulce del mundo. Y la más tierna a la mañana.
-Bien, pude dormir. Vos?
-Sí, pero estuve pensando en llamarte todo el tiempo..
-Ayy, sos un amor.
-Jaja, me preocupo por que estés bien.
-Gracias.
-No me lo agradezcas. Vas a hacer algo hoy?
-Llamé a una amiga para salir
-Ah, me parece genial, te puedo pasar a buscar a la noche?
-Supongo que sí, a dónde me llevás?
-No sé, vamos a comer a algún lado, después nos pedimos un cuarto de helado cada uno y vamos a sentarnos a la plaza más cercana, si?
-Perfecto, me gusta la idea.
-Genial, a las nueve estás lista.
-Dale.
-Te amo
-Yo también, amor.
-Bueno, chau, nos vemos.
-Chau, un beso.
Me puse a ordenar un poco mi habitación, que realmente era un desastre, y esperé a que se hicieran las once y media para llamar a Mariana. Por supuesto, se me pasó el tiempo de tanto que tuve que acomodar, pero a eso de las doce la llamé. Arreglamos para ir al abasto a pasear un poco, tomar algo ahí, y después volver a nuestras casas. Apenas terminé de comer, me di una ducha rápida, me puse ropa para salir y dejé la casa sola. Me tomé el colectivo y después el subte. En el shopping nos encontramos en el C&A y ahí fuimos a pasear por todo el lugar. Estuvimos como dos horas paseando, subiendo a algunos juegos, comprando, charlando. La verdad que extrañaba poder hablar con una amiga. Me di cuenta mientras estaba con ella, que había cosas de las que no podía hablar con mi novio, y que me encantaba contarle todo lo que hacía con él. A lo que ella me escuchaba muy atenta con los ojos cada vez más grandes de tantas cosas absurdas y tiernas que hacía Seb. Se reía mucho de las cosas que yo pensaba y cada tanto decía ‘Dios, qué envidia’. Le conté de la chica esa que había llamado, y le pedí que me aconsejara algo.
-Mirá, si él que es taaaaaaan cariñoso, sobreprotector y, como le decimos las humanas, hinchapelotas con el noviazgo, no le va a prestar atención a esa..
-Sí, ya sé, pero mirá si la chica lo sigue llamando, le sigue hinchando, o hace de todo para encontrarse con él..
-No, no creo que lo haga..
-Yo creo que sí, por ahí le gusta demasiado Seb.. buen, no es difícil enamorarte de él.
-Bueh, como si fuera, no sé, Brad Pitt..
-Es mejor que Brad Pitt.
-Jaja, está bien, igual a mí no me gusta.
Estuvimos hablando del tema, y ella, al igual que mi novio, me decía que no había por qué preocuparme, entonces lo empecé a tomar con calma. Traté de que no me importara tanto, ya que estaba bien claro el asunto. Seb no quería nada con ella, se lo diría al instante. S
Se fue haciendo un poco tarde, entonces decidimos irnos, ya que yo tenía un compromiso esa noche. Tomamos el subte y el colectivo, mientras seguíamos hablando. Me despedí de ella, y le prometí que íbamos a repetir la salida. Llegué a casa, corrí a mi cuarto, me cambié y me puse un jean azul, una remera cereza, y mi camperita con capucha azul. Me pinté devuelta, ya que se me había corrido el maquillaje. Me acomodé el pelo, me lo solté y me puse hice un jopo. A las nueve de mi celular, la bocina sonó. Saludé a mi mamá y mis hermanos, que estaban el comedor, y salí. Seb no se había bajado del auto, pero me había hecho luces para que entrara. Abrí la puerta de acompañante, subí y me abroché el cinturón de seguridad. Le di un beso rápido y él me preguntó ‘A dónde vamos?’, algo raro ya que yo no elegía los lugares. Le propuse ir a cualquier restaurante lindo que estuviera cerca de una plaza y una heladería. Él asintió y fuimos a uno en caballito. Llegamos, pedimos la mesa, comimos mientras charlábamos. Me preguntó cómo la había pasado esa noche, entonces le conté masomenos cómo había sido. Me guardé algunas partes que él no querría escuchar. O cosas que directamente no le podía decir. Él me contó sobre su tarde en el trabajo, todo lo que había hecho, todo lo que odiaba a su jefe y todas las ganas que tenía de verme. Yo me reía y comentaba con monólogos. Ya no tenía ganas de comer más, entonces él pidió la cuenta, pagó, y nos fuimos del lugar. Fuimos a Persicco, una de mis heladerías preferidas, y nos llevamos los dos cuartos separados de los helados que nos gustaban. Cruzamos la calle y fuimos al parque Rivadavia, que estaba desierto, salvo por algunas personas que corrían alrededor y hacían ejercicios. Nos adentramos en el parque y fuimos a una parte con mucho pasto y enorme. Me encantaba eso. Nos sentamos y empezamos a comer helado, hablar y reírnos de algunas cosas estúpidas que nos acordábamos o que inventábamos en el momento. Estuvimos un buen rato, hasta que se hicieron las doce de la noche, entonces decidimos por volver, antes de que a mi mamá se le ocurriera llamarme. Íbamos para el auto, pero antes de llegar, Seb me dio su campera, las llaves del auto, y me dijo que lo esperara adentro que iba a comprar al kiosco. Asentí, abrí el auto y me metí en el asiento de conductor. Encedí la radio, la cambié un par de veces de estación. Sonó el celular de Seb adentro de su campera. Revolví todos los bolsillos que tenía eso, que en realidad era un saco, hasta que lo encontré. Miré el número que sonaba. Desconocido. Atendí igual..

miércoles, 4 de marzo de 2009

Capítulo 24: Furia Interma

Ya más tranquila, bajaba las escaleras, cuando sonó el teléfono. Me había olvidado de desconectarlo o hacer algo para que Seb no lo atendiera, entonces corrí lo más que pude el trayecto que me quedaba de la escalera y me apresuré a llegar antes que él a atender mientras le decía Yo voy! Por suerte llegué al teléfono sin que él hubiera caminado más de dos pasos. Atendí intentando disimular que no pasaba nada. Lo que daba igual, porque Seb estaba demasiado concentrado en el partido.

-Hola? –respondí después de un largo suspiro.

-Hola, sí, es la casa de Sebastián? –me preguntó una voz femenina desconocida.

-Sí, quién habla? –pregunté poniéndome cada vez más seria.

-Me llamo Magali, soy amiga de él.. estaría disponible ahora?

Apreté mis dientes, intentando hacer que chirriaran y ella los oyera.

-En este momento está haciendo algo, pero lo podés llamar después.. –le mentí, riéndome para adentro.

-Ahh, bueno, gracias.. em.. sos la mamá vos?

Me irritó.

-Acaso tengo voz de madre?! –pregunté casi gritando, haciendo que Seb me escuchara, y abriera los ojos como platos.

-Perdoname, tenés razón. Quien seas, gracias. Hasta luego.

Cortó ella. Me vino una furia interna muy grande y apoyé el teléfono en su base con toda mi fuerza. Seb se levantó del sillón sin despegar los ojos de la pantalla.

-Qu-quién era, amor? –preguntó, muy concentrado en el partido.

-Ah, a mi me preguntás? Me podés explicar quién es esa tal Magali?

-Magalí llamó? –puso cara de que aquello sonara absurdo

-Sí. Quién es!? –ya estaba perdiendo la paciencia.

-Es una chica del secundario, a veces nos vemos en las reuniones que hacemos con los chicos del colegio, pero sino no. Es raro que me haya llamado.

-Já, pero lo hizo, qué casualidad.

-Qué le dijiste?

-Que estabas haciendo algo y que te llame después.

-Por qué le dijiste eso?

-Porque es la verdad!

-Estoy mirando un partido, Male.. no es importante.

-Sin embargo no dejás de mirar esa pantalla.

Resopló una vez y tomó el control remoto. Apagó el televisor y me miró sonriéndome. Esa sonrisa que me podía tanto. Aflojé mis hombros que estaba demasiado tensos y lo miré tratando de fruncir el ceño. Él me hizo pucherito mientras seguía mirándome con la cara inclinada a un costado. Aunque me mataba siempre con esas caras, traté de hacerme la indiferente y de que mi cara no reflejara ningún sentimiento. Entonces él se me acercó y me envolvió en sus brazos mientras me besaba la mejilla. Me sonrojé y seguí con cara de enojada. Él sabía que no iba a dejar que esa tal amiga de la secundaria se comunicara con él, pero parecía no importarle. Después pensé en que esa semana no estaría todo el tiempo con él, entonces seguro podría comunicarse. Pero, qué querría? Posiblemente si le hubiese dicho que era la novia, ella hubiese descartado llamarlo devuelta. Pero gracias a mi ‘genio’ no se lo dije. Uhm, genial.

El resto del día, lo pasamos paseando por el campo de golf. Como era tan grande, y nosotros lo recorríamos caminando, se nos hizo muy tarde. Volvimos a la casa, tomé todas mis cosas y él me llevó a mi casa. En el auto, se la pasó convenciéndome de que no pasaría nada con esa chica, y que no tenía que preocuparme. Le dije que sí a todo, pero se notaba que no estaba del todo convencida. Él complementaba sus razones acariciándome la mejilla todas las veces que podía. Tanto que ya me estaba cansando. Pero igual me dejaba, porque me hacía reír y me levantaba un poco el ánimo. Hasta que a él se le ocurrió decir..

-Lo que sí, una vez salimos..

-AHH BUENO, EH –contesté gritando.

-Qué?!

-No es obvio? Es una ex novia, qué más puede querer?

-No creo que quiera nada conmigo.

-Ah, y qué te hace pensar que no te va a pedir que empiecen a ver devuelta, que extraña que la llames, que la acaricies, que.. que la.. beses. –ya estaba estallando en lágrimas.

-Mi amor, mi amor, mi amor.. calmate, hermosa. Mirá, con ella no funcionó la cosa porque yo no hacía ninguna de esas cosas que vos decís. Y es verdad, yo no la sentía mi novia. Nos pusimos en el quince de un amigo, creo que solo fue porque ella estaba linda ahí que me gustó. Después me di cuenta que no era lo que yo esperaba, que no podía conversar de nada con ella, no la sentía mi novia.

-En serio me deciis eesstto? –seguía llorando, pero cada vez menos.

-Sí, mi amor. Vos sabés que sos el amor de mi vida.

-Lo.. sssoy?

-Pero, por supuesto! No sé cómo es que lo preguntás.

-Te amo mucho –le dije tratando de disculparme, mientras agarraba su mano en la palanca de cambios. Él justo hizo un cambio, doblo hacia el costadito de una calle y estacionó. No era ningún lugar conocido, ni tampoco había algún local como para que él fuese a comprar algo. Me miró, me secó las lágrimas con un pañuelo descartable y me agarró la cara con sus manos mientras me miraba fijamente.

-Metete esto en la cabeza; vos sos la ÚNICA (lo gritó) y la PRIMERA en todo. Quiero que esta noche duermas bien, y que no pienses en que la otra te va a sacar a tu novio. Y aparte, otra cosa..

-Qué? –dije como pude gracias a mi posición.

-Yo te amo mucho más.

Sonreí feliz, pero la sonrisa me duró medio segundo, porque enseguida estampó sus labios contra los míos. Después, me acarició el pelo, encendió el motor y seguimos el viaje. Puse un poco de música y mientras charlamos de los padres de él. Nos reímos de algunas anécdotas que habían contando sobre él y a ratos cantábamos, pero no como locos. Llegamos a casa en media hora aproximadamente y él me dio otro beso un poco brutal, pero dulce, como todos. Me dijo que lo llamara si no podía dormir, y también me pidió que no me preocupara ciento setenta veces. Le sonreí y asentí a todo lo que me decía. Se fue en un minuto aproximado y yo entré a casa. Me pregunté entonces si lo tendría que llamar esa noche.