miércoles, 17 de diciembre de 2008

Capítulo 1: Pasco

Estaba llegando a la siguiente estación. Aunque me la había pasado todo el año viajando en ese subte, en la común y a veces molesta rutina de todos los días, todavía seguía fijándome en los carteles de cada estación, ya que no se me grababan; con suerte sabía dónde me tenía que bajar.

Ya había llegado a Loria, la tercera estación desde que yo había subido. No podía creer que estuviera ahí, el tiempo parecía ir muy lento. A la única conclusión instantánea a la que llegué, fue que gracias a mis oídos, distraídos en la música que salía de los auriculares, no me concentraba en nada que estuviera a mi alrededor. Era una sensación linda y decidí continuarla.

Estaba escuchando Think Tank, un disco muy lindo, pero no para alguien de mi edad. Me gustaba imaginar a Damon cantando una de esas canciones que no tienen video, en alguna clase de unplugged, vestido de traje y sólo alumbrado por luces azules.

En ese momento, la radiante iluminación provocada por las paredes de la estación Pasco, rompieron mis sueños de ojos despiertos. Me di cuenta de que una señora me miraba con ojos extraños, ya que yo cantaba para adentro sin saberlo, automáticamente.

En eso, él subio. Su rostro era algo inexplicable. Sus ojos eran increíblemente azules, su sonrisa era hermosa, aunque sus dientes estaban desparejos, pero blancos como la cal. Su pelo dorado, brilloso y despeinado, se resumía en un sencillo corte de pelo con flequillo no muy largo. Su piel tenía un tono bronceado que no se distinguía mucho, pero con la luz amarillenta del subte, se podía ver muy bien. Tenía una estatura de 1.70 y seguramente no superaba los 70 kilos.

Venía conversando con un amigo o compañero de trabajo, ya que vestían de traje desarreglado. Estaban riéndose, y aunque yo escuchaba música, me pude dar cuenta que era por un chiste malo. Su acompañante se reía insoportablemente, mientras que él lo hacía despacio y disimuladamente.

Decidí sacarme los auriculares para poder escucharlos, pero luego me dí cuenta que eso podía llamarles la atención, así que fingí que los acomodaba y me los puse otra vez, e inmediatamente apagué el mp3. Entonces me concentré en lo que hablaban. Estaban parados al lado del señor que yo tenía al lado, agarrándose del caño que cruzaba todo el vagón en forma vertical. Escuché que su amigo decía que tendrían que salir el próximo sábado y que le presentaría a alguna amiga ese mismo día. Por un lado me alegré, ya que no tenía novia, pero me decepcioné porque le iban a presentar a alguien. Igual, él respondió que tenía cosas que hacer y que lo dejaran para otro día.

Ya estabamos en Congreso y su amigo se bajó. Fue un alivio, ya que no soportaba más su voz. La voz de él era terriblemente seductora, grave y cansada, de locutor joven. Seguido de su amigo, se bajó el señor que se sentaba al lado mío. Sin dudarlo, se sentó rápidamente. Automáticamente al mismo tiempo que se cerraron las puertas, él pegó una de sus piernas a la mía más próxima. Me sonrojé, y me di cuenta que me miraba de reojo; se había dado cuenta. Faltaban pocas estaciones para bajarme, pero era obvio que no quería bajarme nunca, ni despegar mi pierna de la suya.

Me dediqué entonces, a mirarlo de reojo y a ver como la luz de cada estación le teñía el rostro con diferentes colores. Él se daba cuenta de cómo lo observaba, hasta se sonreía, pero ya me daba igual.

De suerte me acordé que me tenía que bajar y lo hice. Él también lo hizo, e incluso tomó el camino para hacer combinación y subimos a la estación central del E.

Cuando estaba en las escaleras mecánicas, sentí un golpecito en mi hombro. Me di vuelta y lo encontré mirándome en el escalón de abajo:

-Tenés hora?- preguntó con una sonrisa encantadora.

-A ver..- respondí tímidamente y busqué mi celular en el bolsillo. Ahí, ví en el bolsillo de su saco abierto, un reloj de pulsera mal escondido. No pude contener la sonrisa.

-Son las cuatro y media.

-Genial, muchísimas gracias.

Esa sonrisa estaba otra vez en su cara. Intenté sonreírle igual y seguí mi camino, pero después..

-Te gusta Blur?- preguntó de repente. Me di cuenta que había visto mi pin enganchado en mi mochila.

-Sí, me encantan. A vos?

-Sí, pero no los escucho tanto. Me dijeron que soy igual a Damon..

-Jaja, puede ser..

-Espero que no me confundas- dijo riéndo.

-Podría hacer cosas peores si me animara..

-Cómo cuáles?

-Pedirte una foto y presumirla.

-Yo no tengo problema..

-Ok..

Saqué mi celular y como por suerte tenía una buena cámara, le pedí a una señora que pasaba, que nos sacara la foto. Él me agarró de un lado de cintura y puso su mejor sonrisa. Luego, le agradecí a la señora y le mostré mi celular a él.

-Jajaja, me tenés que pasar esta foto

-Sí, pero cómo?

-Te paso mi mail, dale?

-Está bien.- dije mientras por dentro estallaba de felicidad.

-Ahí está..

-Genial, hoy te la mando.. entonces te llamás Jack?

-Sí, nombre inglés, obsesiones de mi vieja

-Jajaja

-Vos sos Male, no?

-Sí

-Listo, nos vemos.. me tengo que ir

-Bueno, chau

Me dio un beso en la mejilla y me derretí. Ese sería solo el primer encuentro entre nosotros.

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