sábado, 28 de febrero de 2009
Capítulo 23: Llamada Entrante
-Hola? –pregunté tratando de poner un tono formal.
-Aahm, Male? –preguntó una voz conocida.
-Facundo, sí, para qué llamás? –me hice la seria.
-Quería hablar con mi primo.. está durmiendo, no?
-Sí.
-Ahh, bueno.. pero, vos sabés porqué se enojó conmigo hoy?
-No, sería mejor que lo hables con él otro día.
-Pe-pero.. en serio, estoy muy preocupado.
-Bueno! Llamalo en un mes.
-No, estás loca?! Dale, decime qué pasa.
-No puedo. Me haría mal a mí y si se lo preguntás a él hoy, peor todavía..
-Dios, qué hice de malo?
-Nada, basta, chau.
Corté. No podía dejar que pasara lo mismo de ayer. No podría soportar verlo sufrir devuelta a Seb. Había sido una tarde horrorosa, aunque pudimos lidiar con ella. Podía ver puro dolor en sus ojos, y me llenaban de sufrimiento a mí. No quería que volviera a pasar. Me propuse a mí misma no dejarlo comunicarse a Facundo durante el día, y simular que no había llamado.
Terminé mi café y con él, la revista. A los quince minutos, durante los cuales yo miré televisión sin parar de hacer zapping, Seb despertó. Bajó, me dio un beso largo y suave, y se dirigió a la cocina a preparase algo. Cuando terminó el desayuno, se sentó al lado mío, y yo me acurruqué en su buzo abrigado.
-Tengo ganas de salir a caminar.. –me propuso.
-Sí, es verdad, con este frío sería genial.
-Vamos?
-Sí!
Subimos las escaleras, nos cambiamos de ropa y nos abrigamos un poco. Afuera parecía pleno día de invierno. Él se había puesto un gorrito en la cabeza que le hacía sus puntas perfectas de cabello, y ese hermoso flequillo despeinado. Además, hacía resaltar sus ojos. Aah. Salimos de la casa, y comenzamos a caminar por las viviendas de los alrededores. Hablamos por un largo tiempo sobre su estadía en aquel barrio privado, con casas bastante parecidas a las que hay en Londres. Las pequeñas casas del complejo, estaban todas desiertas, y en algunas casas con ventanales gigantes, se podían ver a las familias no muy abrigadas, disfrutando de la calefacción, haciendo cosas. Me encantaba ese lugar, pero sabía que no resistiría vivir allí. Tan aislada de todas mis necesidades. No me quería imaginar cómo se las arreglaba Seb conmigo viviendo tan lejos.
Llegamos a una plaza que tenía el country, una de las partes más grandes del lugar, además de la cancha de golf. Tenía árboles por todas partes y una pequeña parte de juegos para niños. Seb me tomó de una mano y comenzó a correr hacia un árbol. Era uno de los más pequeños del lugar, pero era hermoso. Las hojas eran increíblemente verdes, los frutos eran muy raros, pero de un hermoso color azulado y se hallaba ubicado en uno de los lugares más aislados del parque.
-Vengo a este árbol desde que me mudé acá.
-Ah, sí? Por qué?
-No sé, me llama mucho la atención. Es hermoso.
-Sí, ya lo veo..
-Peero.. estuve tan ocupado en otra cosa más hermosa, que no lo pude venir a visitar.
-Ah, qué mala suerte..
-No, yo diría que fue bueno conocer a esa otra cosa..
-Qué conociste?
-Mm.. creo que sabés.
-No, decime..
-A vos.
Me agarró un cosquilleo en la panza. Sentía prácticamente mariposas. Bajé la cabeza con timidez, lo cual le causó demasiada curiosidad a él. Con su dedo índice me levantó el rostro y me miró durante un segundo. Mis mejillas estaban rosadas y todavía seguía mirando hacia abajo. Lanzó una risita y me acarició el pelo. Lo abracé de repente. Y fue como que mi cuerpo me obligó a hacerlo. Él no se resistió y me devolvió el abrazo. Una brisa enorme de viento frío hizo que la capucha de mi buzo se me pusiera en la cabeza.
-Qué linda que te queda esa capucha, dejatela –dijo.
-Bueno, como vos quieras.
Anduvimos caminando por alrededor del parque, charlando sobre lo que íbamos a hacer ese día y qué íbamos a comer. Cosas cotidianas. Cada cosa que yo le proponía, le venía bien. También hablamos de los viajes de subte y de nuestros encuentros pasados. Nos reímos cada tanto al acordarnos esas situaciones. Le conté el sueño que había tenido, y me dijo que le hubiese gustado que se hubiera hecho realidad. Me preguntó si en ese momento yo estaba enamorada de él como para soñar algo así. Le dije ‘Me enamoré de vos apenas subiste al subte..’ , y se sonrió. Estábamos tan entretenidos con la charla, que no nos dimos cuenta que ya estábamos cerca de su casa. Llegamos, y nos pusimos a cocinar lo que habíamos planeado. Cada tanto, él se escapaba de la cocina y se ponía a ver fútbol, pero yo lo iba a buscar enseguida, haciéndome la enojada. Tanto que habíamos hecho ese día, me había olvidado de aquella llamada de la mañana. De que Facundo iba a tratar de comunicarse con él de cualquier manera. Y ya estábamos pasando un día hermoso, no lo podía arruinar. Entonces, apenas me acordé, fui al cuarto de arriba, aprovechando que Seb se había escapado a ver tevé, y busqué su celular. Lo encontré, lo apagué, y lo metí debajo de su almohada. Ya más tranquila, bajaba las escaleras, cuando..
miércoles, 25 de febrero de 2009
Capítulo 22: Lágrimas
-No estabas en el auto?
-Ssí, pero tenía ganas de ir al baño.
-Ahh, está bien..
-Bueno, ya terminaste vos con lo tuyo?
-Sí, vamos.
Me tomó de la mano y bajamos las escaleras. Él bajaba rápido, como si se estuviera escapando de algo. Me di cuenta que sí lo hacía. Cuando bajamos, Facundo se dio cuenta que estábamos ahí y se paró como para preguntarnos qué había pasado, pero él no lo miraba ni tampoco le contestaba. Yo le expliqué todo, tratando de ignorar las miradas amenazantes de mi novio. En un momento, justamente antes de cruzar la puerta de salida, el primo, que nos seguía mientras yo le hablaba, me tomó del brazo muy despacio, tanto que consiguió acariciármelo. Grave error. Sebastián se dio cuenta y me frenó bruscamente en el camino. Lo miré con preocupación y al mismo tiempo, pidiéndole que no hiciera algo estúpido, como pelear. Sentí un temblor. Pero lo único que llegó a hacer, fue a mirar a su primo achicando los ojos por el enojo. A lo que éste sorprendió tanto que se quedó boquiabierto. Me llevé una mano a la frente como lamentándome y lancé un bufido. Salimos por fin de la casa y subimos al auto. En la puerta, Facu nos miraba con una cara asustada y también sorprendida, mientras que Seb aceleraba lo más rápido que podía. Partimos enseguida, ya estábamos a veinte cuadras.
-Te pasa algo? –pregunté suavemente, para evitar una discusión.
-Nono.. no te preocupes.
-Sí, estoy preocupada ya, me decís qué te pasa.
-No, en serio, no es nada importante, es una tontería –su voz se hacía cada vez más aguda, como si las palabras lo hicieran sufrir.
-Cualquier cosa que te pase es importante para mí..
-Bueno, cuando lleguemos a casa te digo
-A qué casa?
-A la mía..
Dobló de repente en un camino desconocido que conducía hacía la autopista y, en aproximadamente quince minutos, estuvimos en el country. Estacionamos en la casa, salimos del auto y me pegué a su lado para controlar que no evitara hablar conmigo. Aunque yo sabía que estaba pasando. Él se dirigió a la cocina tratando de caminar más rápido que yo y así poder sacarme de encima, pero lo seguí lo más rápido que pude, y antes de que pudiera llegar a la heladera, se rindió.
-Bueno, ahora te digo, dejame sacar algo de la heladera, sí?
-Sí, pero mirá que yo no me olvido, eh..
-Está bien.
Abrió la puerta, sacó una lata de cerveza y otra de coca. Lo miré tratando de levantar una ceja. Se rió de mi intento fallido, y me dio un beso en la nariz. Luego alejó la cara y se dedicó a destapar su cerveza. Pero antes de que pudiera hacerlo, tomé su cara con mis manos.
-Alcohol?
-Ssí, por?
-Porque yo soy menor, aunque no nos guste.
-Tenés razón. Mejor tomo coca con vos.
-Así me gusta más.
-Bueno, qué querías saber?
-Por qué estabas así de enojado hoy?
-Cuándo?
-Sebastián, no te hagas el tonto.. cuando lo miraste enojado a tu primo.
-No fue nada en realidad..
-Sí que lo fue, él se quedó asustado
-Ese no es mi problema.
-Seb
-Bueno.. lo que pasa es que hay veces que me acuerdo lo grande que soy. Y lo grande que soy para vos. La mayoría de las veces no me afecta en nada, porque sé que el amor no tiene edad.. pero cuando vi la conexión que tuviste con Facundo.. él que es más chico, por ahí pensé que te gustaría él más como pareja.. por la edad. Siento que no te doy el espacio que necesitás, porque tendrías que vivir una vida a pura joda, entendés, sos adolescente todavía..
-Eso es lo que pensás?
-Ssí.
-No lo puedo creer..
-Po-por qué? –preguntó tartamudeando de preocupación.
-No puedo creer que vos pienses que te dejaría por alguien solo porque está más cercano a mí en edad. No, no puede ser que pienses eso..
-Sí, y te pido disculpas, porque la verdad es que son momentos en los que no tengo nada más en mi mente, desconfío de todo últimamente.. pero es porque..
-Por qué..?
-Tengo miedo a perderte.
Me partió el corazón eso. Me quedé atontada mirando sus ojos brillosos, a punto de lanzar una lágrima. Podía ver su dolor. Y yo lo sentía también. La idea de perder a alguien como él me resultaba una de las peores cosas que pudieran llegar a pasar. Por lo que trataba de no imaginármela. Me acerqué a su cara, tanto como pude chocar mi nariz con la suya y lo miré fijamente a esos enormes ojos celestes mojados. No lo pensé dos veces, tomé su rostro y lo besé. Sentí de verdad todo ese sufrimiento que tenía adentro. Pero más que sufrimiento, pensé que serían celos. Pero no me importó en ese momento. Traté de calmarlo con el beso y él me lo devolvía. Me había tomado del rostro él ahora y me lo sujetaba con fuerza, como si temiera que yo me fuera. Aparté mi rostro y me di cuenta que mis ojos también estaban mojados. Me reí de mí misma y él también, mientras me secaba las lágrimas con un dedo. Le sonreí enseguida y le dije Te amo y sos lo más importante que me pasó en la vida. Se le escapó una lágrima más y me abrazó muy fuerte.
A la noche, estuvimos viendo un par de películas cómicas para levantar los ánimos y cocinamos pochoclos. Estábamos recostados en la cama matrimonial, estirando los cuellos para poder ver la pantalla del televisor. Ya era muy tarde, mis ojos se cerraban constantemente. A él le pasaba lo mismo. En un momento, no pudimos aguantar más, nos quedamos dormidos.
A la mañana, estaba lloviendo, hacía mucho frío. Yo estaba con un vestido por las rodillas y ya temblaba. Él estaba helado también, entonces decidí taparlo con la frasada. Me puse un pantalón abajo del vestido y me fui hacia la cocina a prepararme algo. Bajé sin fijarme en mi aspecto y me dirigí a la mesada. Me preparé un café fuerte para poder despertarme bien y entonces me puse a leer una revista vieja mientras lo tomaba. De repente, sonó el teléfono de la casa. No quise despertar a Seb, entonces atendí yo..
martes, 24 de febrero de 2009
Capítulo 21: MI chica
Y entonces escuché que alguien aclaraba la garganta atrás mío..
-En serio que este cuarto era tuyo? –pregunté sin darme vuelta.
-Uhm, supongo que sos Malena.. –me contestó una voz extraña, joven, muy distinta a la de Seb. Tampoco era la del padre. Me dí vuelta asustada. Y allí, atrás mío, había un chico no muy alto, delgado, con el pelo castaño muy claro, un poquito largo y con flequillo hacia el costado, unos ojos celestes enormes y una sonrisa cálida en el rostro. Me quedé absorta. Y supuse que no tendría más que diecisiete años. ¿El hermano de Seb?
-Sssi –dije como si lo dudara.
-Hola, me llamo Facundo, soy el primo de Sebastián –respondió, y dio un paso adelante para saludarme con un beso en la mejilla.
-Aaah, mirá vos..
-Sí, estoy acá por unos días, hasta que vuelvan mis viejos de vacaciones..
-Aah –todavía estaba absorta.
-Pero.. ¿Cuántos años tenés vos? Porque no parecés de la edad de Seb.. jaja.
-No, tengo catorce..
-Aaaah bueno..
-Jaja
-No, está bien, supongo que el amor no tiene edad.
-Pero no hay tanta diferencia..
-Sí, es verdad, pero no me lo imaginaba a él..
-..saliendo con alguien tan menor?
-Sí, algo así.. pensé que iba a salir con chicas de su edad o de un año menos..
-Por qué?
-No sé, la verdad
-Jajajajaja –no pude aguantar la risa.
-Jaja, qué idiota.
En ese momento, llegó Seb y le puso la mano en el hombro al primo. Lo hizo como si midiera mucho más que él, mientras que lo superaba por unos centímetros.
-Qué hacés con mi chica?
-Nada, boludo..
-Te hizo algo? –me preguntó mirándolo enojado a Facundo.
-No, me hizo reír un poco..
-Sí, una estupidez mía.
-Bueno, mejor así –dijo Seb mientras recuperaba su expresión normal, y me tomaba de una mano, alejándome del cuarto. Bajamos las escaleras, me llevó a la cocina y su madre, apenas me vio, me agarró de una mano mientras me mostraba todo lo que había cocinado. Seb seguía atrás, como vigilándome. Cuando terminó de decirme que había en cada fuente de comida, fuimos a la mesa y nos sentamos. Mi novio se apresuró a sentarse al lado mío, y del otro lado se sentó su madre. El padre y el primo se sentaron en frente nuestro y comenzaron a comer. Fue un almuerzo divertido. Los padres me contaban anécdotas de Seb y Facundo cuando eran chicos, de lo unidos que eran y todas esas cosas. Cada tanto, Seb se estiraba para taparle la boca a la madre antes de que dijera algo vergonzoso, y Facu hacía caras de preocupación cada vez que lo nombraban. Yo no podía parar de reír, y a la mamá le encantaba hacerme sonreír con cualquier chisme. Terminamos la comida y la señora trajo el postre. Era una torta enorme de chocolate, que apenas la vi, se me revolvió el estómago. No alcancé a comer ni una porción, mientras que todos pedían la segunda. Cuando todos estaban satisfechos, Seb se levantó de la mesa mientras decía..
-Bueno, me parece que estuvo todo muy rico, pero nos tendríamos que ir yendo..
-No! En serio? –protestó la madre.
-Sí, mamá.. otro día venimos a visitarlos.
-Ayy, bueno, espero que sea así.
-Sí, va a ser así, no se preocupe –contesté rápidamente.
La mamá me sonrió y me dio un beso en la mejilla. Le sonreí igual y me corrí para que Seb pudiera despedirse. Fui hacia el padre y lo saludé. Luego, Facundo se levantó automáticamente y me dio un beso en la mejilla. Le dije chau con una sonrisa, mientras mi novio lo miraba con enojo. Lo saludó rápidamente y me agarró de la mano. Cuando llegamos a la puerta, él me dijo que lo esperara en el auto. Me dio su abrigo para que lo guardara y las llaves. Salí de aquella enorme casa blanca y me metí en el auto enseguida. Esperé unos dos minutos, y entonces sonó su celular. Me apresuré a salir y entré en la casa devuelta. En el sillón estaba sentado el primo, mirando la televisión y sin notar nada de lo que pasaba a su alrededor. Supuse que Seb estaría arriba en el baño, entonces subí las escaleras corriendo. Cuando estaba a punto de pasar el cuarto de sus padres, escuché unos susurros. Luego los susurros se transformaron en palabras.
-Escuchame bien, porque a mi me parece un poco malo..-se oía muy clara la voz de Seb.
-Sí, pero no entiendo lo que querés decir.. –respondía su padre.
-No quiero que le des chance a Facundo de que se acerque a Malena, eso es.
-Facundo? Vos creés que te haría algo así?
-Yo sé que se lo hizo a un amigo, así que no tengo nada que dudar..
-Bueno, no te preocupes.. encima sos el primo, es distinto esto.
-Espero que no te cause líos esto.
-No, igual la próxima vez que vengas, seguro que no va a estar.
-Cuándo vuelve Susana? –Me imaginé que ese era el nombre de la mamá de Facundo.
-No sé muy bien, creo que este fin de semana que viene..
-Bueno, te voy a ir llamando igual para saber si todavía está.
-Me parece que estás siendo muy cuida.. aparte no creo que a Male le pueda gustar, está muy enamorada de vos.
-Sí, pero él tiene las mismas características que yo, y peor que nada, es menor que yo..
-Qué tiene que ver eso?
-Que está más cercano a la edad de Malena..
-Bueno, no te preocupes, andá que te está esperando..
Apenas escuché eso, me metí en el baño rápida y silenciosamente. Esperé dos segundos y tiré de la cadena, y abrí el grifo de la pileta. Me lavé las manos, me sequé y abrí la puerta..
domingo, 22 de febrero de 2009
Capítulo 20: Casa Blanca
-¿Hoy querés ir a conocer a mis viejos?
-Emm.. hoy?
-Bah, en realidad mañana, ya se fueron a dormir ahora..
-Ahm, bueno, dale.
-No te preocupes, eh.. son copados dentro de todo y no necesito que ellos te aprueben para que sigamos saliendo..
-Jaja, como en las películas.
-Claro, pero no va a pasar, tranquila
Me acarició una mejilla y se me enrojeció. Él sonrió disimuladamente.
-Bueno, Male.. te llevo a tu casa?
-Mmm.. sí, tengo sueño
-Ok, vamos..
Fuimos al auto, Seb arrancó el motor y desaparecimos del cine. Terminamos de escuchar el disco de The Killers, pero no cantamos como desesperados. Llegamos a mi casa, me dio un beso y se fue. Entre silenciosamente, ya que todos estaban durmiendo y me dirigí a mi cuarto. Me dormí pensando en cómo sería conocer a mis suegros.
Me desperté muy temprano, me bañé, me pinte, me hice de todo para quedar bastante formal. Mi mamá se reía de todo lo que hacía, y me decía que había conocido a su ex suegra, vestida así nomás. Seb me mandaba mensajes diciendo que no se me ocurriera vestirme de fiesta ni nada, o que me iban a caer muy bien y yo a ellos. Y también me preguntaba cuándo estaría lista. Terminé y le contesté el mensaje. En aproximadamente diez minutos, ya estaba en la puerta. Mamá me deseó suerte y que si no me caían bien, no importaba, que eso no me separaría de Seb. Salí de la casa fingiendo sonreír, y apenas él me vio hacerlo, empezó a las carcajadas. Lo miré odiosa, tratando de levantar una ceja, pero no pude, y me dirigí rápidamente a mi asiento en el auto, esquivando su beso. Me senté y me crucé de brazos. Seb me miró conteniendo la risa y me besó la mejilla. Puso un disco de Blur para distraerme un poco, y me dio charla.
-Cómo le fue a tu amiga en castellano? –preguntó disimuladamente.
-Supongo que bien, no me dijo nada..
-Ahh, espero que le haya ido bien, es un bajón tenerla previa.
-Y, sí..
-Estoy orgulloso de que no te hayas llevado nada –dijo y sonrió como si fuera mi mamá.
-Ajám.
-Bueno, yo me llevé matemática cuando estaba en primero.
-Seb, cortala..
-Eh? Cortar qué?
-De hablar de cualquier cosa para olvidarme de que voy a conocer a tus papás.
-Jajaja, soy muy malo disimulando
-Se, me di cuenta..
-Ya te dije que no tenés que preocuparte.
-Sí, pero eso no me convence para nada
-Bueh, si vos no confías en mí..
-Sí confío, pero estoy asustada igual
-Bueno, yo estoy con vos siempre, sabelo.
-Gracias –dije en voz baja y le di un beso en la mejilla, aprovechando que estábamos en un semáforo.
Seb se sonrojó. Al verlo, abrí los ojos como platos y no pude contener la risa.
-Qué? De qué te reís ahora?
-Te.. te sonrojasteeee ajajajajajaja
-En serio?
-Ssssii.. ajaja
-Uh, me estás contagiando
-Jajajaja, dios mío
-Uhm, no seas mala, yo no me río cuando te pasa a vos..
-Pe-pero.. me río porque a vos nunca te pasa!
-Sí, ya se..
De repente, Seb comenzó a disminuir la velocidad a medida que nos acercábamos a una gran casa toda blanca, con un jardín hermoso y muy cuidado en la entrada. Estaba todo lleno de rosas rojas y jazmines que perfumaban el ambiente. El pasto era del verde más puro y parecía recién regado. La casa tenía un frente antiguo, pero hermoso. Para llegar a la puerta había que atravesar un camino de piedras grisáceas, casi negras, que brillaban a la luz del sol. Me quedé perpleja, y Seb me observaba con una sonrisa enorme. Parecía que en cualquier momento estallaría con sus carcajadas. Pero no. Me tomó de una mano y me hizo caminar hacia la puerta, aunque mis pies no se querían despegar del suelo. O era yo la que no los quería despegar. Pero entonces pensé: Si llegan a ver que me resisto, va a ser peor. Y me puse a caminar lentamente al lado de él. Él aclaró su garganta y puso su sonrisa más discreta. Entonces yo hice lo mismo. Tocó el timbre, y en unos cinco segundos, abrieron la puerta. Apareció una señora de unos cincuenta años, con muy pocas arrugas en su rostro, ojos color café y cabello castaño claro, de unas dos tonalidades más oscuras que el de Seb. Nos sonrió enseguida y me besó la mejilla, mientras decía ‘Al fin te conozco!’ . Y por supuesto, Seb se reía a carcajadas. Pero no le hice caso. La madre me contaba la comida que había preparado, me mostraba cada rincón de la casa y me preguntaba cosas sobre mí. Todas se las contestaba sin problemas, ya que me había caído muy bien. Después entramos en el comedor, donde se sentía un olor a asado increíble. En la parrilla estaba el padre, moviendo los pedazos de carne con un tenedor. La señora lo llamó: Sergio, mirá quién está acá! Y él se dio vuelta a mirarme, mientras me saludaba. Lo poco de pelo que tenía era de un rubio muy claro y tenía los mismos ojos que Seb. Me quedé por un momento pensando en que ese sería su futuro, y me reí para adentro. Sergio, con una enorme sonrisa, me besó la mejilla, me preguntó mi nombre, y me dijo que estaba encantado de conocerme. Yo sonreí y le contesté que yo también lo estaba. La madre me agarró de la mano que no tenía Seb y me dirigió hacía un cuarto donde supuestamente, antes dormía su hijo. Me dijo que pusiera todas mis cosas ahí y que me veía en la cocina. Entonces me dejó a solas con Seb.
-Viste que no iba a ser tan malo?
-No, fue de miedo nomás..
-Te cayeron bien, no?
-Siiiiiiii! Tu mamá es una diosa..
-Jaja, con todas las mujeres que cruzan la puerta de esta casa hace lo mismo..
-Es muy copada, me gusta eso.
-Bueno, me alegro que haya pasado el miedito..
-Jajaja, sí..
-Em, voy al baño, vos dejá tus cosas y después bajamos.
-Ok..
Seb salió del cuarto, yo dejé mis cosas sobre una silla y me dediqué a curiosear el lugar. Estaba todo pintado de azul, tenía un puf celeste en una esquina, un televisor antiguo, una biblioteca no muy grande, de madera oscura y una ventana que daba al jardín de la entrada. Me sorprendió que tuviera un puf, ya que eran sillones más modernos que de cuando Seb era chiquito. Y entonces escuché que alguien aclaraba la garganta atrás mío..
lunes, 16 de febrero de 2009
Capítulo 19: Cine
Pero entonces, él se dio vuelta y me vio. Puso los ojos como platos al haberme encontrado de sorpresa y me dio un beso. La gente nos miraba con caras extrañas, como si yo no tuviera la edad adecuada o como si él se estuviese pasando con una chica tan joven. Pero me daba igual.
Nos sentamos en un asiento para dos, al fondo del vagón y charlamos un buen rato. Me preguntó porqué estaba allí y le conté que iba a apoyar a una amiga al colegio. Él había ido a la oficina solo para retirar unos papeles, ya que todavía tenía vacaciones. Claro, lo había olvidado. Qué idiota.
Nos bajamos en Perú como de costumbre y caminamos hacia el colegio. Me dejó en la puerta, me dijo que iba a tomar algo por ahí y que lo llamara para ir a pasear. Me besó rápidamente, pero mis compañeras no pudieron evitar las risitas. Qué más da.
Ayudé a mi amiga a calmar sus nervios y la distraje un poco contándole cosas que me habían pasado en los últimos días. Ella se quedó sorprendida por todo lo que le iba diciendo y decía que estaba feliz de que yo haya conocido a Seb. Y también no paraba de decir que se parecía a Damon. Un asunto aparte. Yo deseaba que en ningún momento a Seb se le cruzara por la cabeza preguntarme si salía con él solo por parecerse a Damon, mi amor platónico. Ya que no era así. Bueno, las cosas habían cambiado, y yo no lo veía como el clon de mi ídolo, sino como una persona especial, alguien a quien yo había tomado muchísimo afecto y alguien de quien no me quería separar jamás. Era mi novio. Y sonaba raro decirlo, pero lindo.
Luego se hicieron las cuatro de la tarde y ella tuvo que entrar a rendir. Le deseé suerte y me quedé a un costado de las escaleras del colegio. Llamé a Seb y arreglamos para encontrarnos en el Cabildo. Fui caminando rápido hacia allí, pero me lo encontré en el camino, saliendo del café de la esquina. Me agarró de la mano, cruzamos la calle y fuimos a pasear por la calle Florida. Entramos en un Mc Donald’s y me compré un helado. Salimos y empezamos a charlar en la calle. Entramos a Musimundo, a Yenny, al Ateneo, todos lugares donde venden CDs. Me terminé comprando uno de Beck y él, uno de The Killers. Guardamos los CDs en mi mochila y salimos a caminar un rato más. Un buen rato después, Seb me dijo que me dejaría en mi casa y luego me pasaría a buscar para salir al cine. Me gustó la idea y entonces acepté.
Llegamos a mi casa en más o menos una hora y me despedí de él. Le dije a mi mamá todo lo que tenía planeado esa noche y ella no se negó a nada. Me bañé, me vestí, me maquillé. Cuando ya estaba lista, la bocina sonó. Sonreí enseguida y me despedí de mi mamá. Salí corriendo de la casa y él se encontraba apoyado en la puerta del conductor, esperándome. Cuando vio mi estado de felicidad, lanzó una carcajada y se metió en el auto riéndose. Puso su nuevo disco de The Killers y empezamos a cantar juntos en voz alta. Parecíamos dos locos. En un semáforo, bajé la ventanilla mientras seguíamos cantando alto, para tirar la envoltura de un chicle y la señora del auto vecino nos miró con cara rara. Entonces empezamos a reír como dos desaforados. Parecíamos salidos de una noche de puro alcohol. Ya cuando fuimos llegando al cine, nos empezamos a callar hasta que el auto quedó en completo silencio. Seb estacionó, me abrió la puerta y me tomó de la mano mientras entrábamos al cine. Subimos por el ascensor, y mientras, íbamos riéndonos despacio de la cara de la señora que nos había mirado. El hombre que estaba con nosotros en el ascensor se sonreía cada vez que lanzábamos carcajadas. Llegamos al piso de los cines, Seb sacó las entradas mientras yo iba a comprar los pochoclos y las bebidas. Nos reencontramos en la puerta de la sala donde veríamos la película y formamos la fila. Aproximadamente quince minutos después, pudimos entrar en la sala. Como la sala tenía butacas numeradas, nos tuvimos que fijar cuáles nos habían tocado. Al fondo de todo, en el medio. Nos ubicamos rápidamente, ya que habían empezado las propagandas. Nos acomodamos y nos concentramos en la película, que ya estaba a punto de empezar.
Pasados los veinte minutos de empezada, me di cuenta de que era muy aburrida. Miré a Seb. Tenía la cara apoyada sobre una de sus manos y sus ojos se cerraban constantemente. Me reí para adentro y él me miró con una sonrisa. Me susurró en el oído que no le gustaba la película. Le contesté que a mi tampoco, conteniendo la risa. Él miró para abajo, como frustrado, y yo levanté su cara con mi dedo índice. Podemos seguir viéndola le dije en voz baja, sin dejar de mirarlo a los ojos. Él sonrió, tanto que estaba a punto de lanzar una carcajada. Me acarició una mejilla y me dio un beso corto. Recosté mi cabeza sobre su hombro, y pude ver que él sonreía mirando la pantalla.
Cuando por fin terminó la película, me agarró de la mano y salimos de la sala. Apenas estuvimos afuera, nos miramos mutuamente y comenzamos a reír al mismo tiempo. La gente que salía, la mayoría secándose las lágrimas de tanto haber llorado, nos miraba con mala cara. Nos tapamos la boca y salimos del cine rápidamente.
-Dónde querés comer? –inquirió él, todavía con una sonrisa enorme.
-No sé, me da lo mismo..
-Ok, vamos ahí –dijo señalando un restaurante vegetariano.
-Uhm, genial.. voy a comer un poco mejor, después de todo..
-Jajajajaja
Él volvió a reírse como lo había hecho antes. Yo lo tomé de la mano y lo llevé hacia la puerta del lugar, antes de que todo el mundo nos mirara devuelta. Entramos al lugar, pedí la mesa yo, mientras la recepcionista lo miraba a él con ojos muy abiertos. Nos sentamos en una mesa pegada a un ventanal que daba a un río. La vista era hermosa.
-Podemos ir ahí después? –pregunté entusiasmada.
-Sssí, como quierass.. ahah jaja..
-Seb, ya pasó la broma.
-Sí, es verdad..-contestó tratando de recuperarse un poco
-Mejor así.
-Bueno, pedimos?
-Sí, dios, muero de hambre..
-Disculpe, mesero.. –dijo en voz alta a un hombre que pasaba con una bandeja.
Comimos muy liviano, por suerte, ya que me habían caído mal tantos pochochos. Hablamos de la película, de lo aburrida que había sido, y de las caras de las personas. Obviamente, Seb lanzaba algunas risitas al acordarse, pero nada ruidoso. De repente, me preguntó algo que no tenía nada que ver..
miércoles, 4 de febrero de 2009
Capítulo 18: Sábanas Blancas
En ese preciso momento me acordé de su banda preferida. U2. Él cantaba un tema siguiendo la letra a la perfección, así que no dudé en que se tratara de uno de esa banda. Era realmente hermoso, me relajaba. Y por suerte, parecía no haber nada que arruinara el momento. Seb me volvió a envolver en sus brazos y cerré los ojos, como si todo aquello fuera un sueño que yo quisiera continuar.
Al día siguiente, me desperté como hacía un mes aproximado, alrededor de sábanas blancas, en aquella habitación con ventanales de pared completa. Pero no estaba atrapada en las suaves telas blancas, como casi todas las mañanas. Me encontraba recostada sobre su costado. Él dormía placenteramente sin emitir ningún otro sonido que no fuera el de su respiración. Lo contemplé un buen rato desde mi posición. Me agarraba sin fuerza con uno de sus brazos y el otro colgaba de la cama. Llevaba puestos unos pantalones cortos solamente, y por supuesto, el pelo todo despeinado. Me encantaba tocarle su cabello discretamente desarreglado y dorado como el mismo oro. Él se sonreía cada vez que le hacía, porque le causaba cosquillas. Hasta que llegaba un momento que detenía mi mano suavemente con la suya y abría lentamente los ojos. Esos dos rayos eléctricos azules que me siempre me terminaban cegando o mareando. Y entonces, él lanzaba un bufido y reía con ganas.
Esa mañana en el country fue muy tranquila. Me metí en la pileta sola mientras él preparaba el desayuno, y luego lo tomábamos juntos en el pasto. Eso era algo que teníamos en común, amábamos el pasto. Y también disfrutábamos descansando sobre éste.
La tarde fue un poco más diferente. Me dijo que había prometido a sus padres ir a visitarlos esa noche y que tenía que alistarse. También me preguntó si quería ir a conocerlos, pero llegó a mi mente una imagen de la madre de él, reprobándome por no ser tan grande como él. Y entonces le dije que otro día lo haría. Se decepcionó, pero luego lo entendió y me llevó a casa. Nos despedimos en la puerta y él marchó.
Mi casa era un caos. Mi mamá tenía invitados esa noche y yo lo había olvidado. Se volvió aún peor cuando me vio y me retó por no haberle avisado que dormiría en otro lugar. Puse cara de indiferencia y me dediqué a ordenar mi cuarto. Y lo hice con tan pocas ganas, que enseguida llegó la gente y no pude terminarlo. Cerré la puerta para evitar que vieran el poco desorden que quedaba y me fui corriendo al baño para darme un baño rápido. Terminé y me puse la ropa más común que encontré. Saludé a los invitados, entre ellos una chiquita que quería jugar conmigo, pero yo no estaba de humor. De todos modos, tuve que hacerlo, ya que no podía hacer que llorara.
Estuve prácticamente todo el resto de la noche jugando con ella, o haciendo que jugaba, ya que cada vez que podía, le mandaba mensajes a mi novio, que cada diez minutos los respondía.
Al fin, a eso de las dos de la mañana, los invitados se fueron, la niña ya se había dormido hacía rato y yo tenía mi momento para descansar. No pensaba en otra cosa que dormir. Pero mi mamá me pidió que la ayudara a limpiar la mesa y la basura que había quedado. Acepté, ya casi con los ojos cerrados. Al final me fui a dormir a eso de las tres y media.
Al día siguiente me acordé de que tenía que ir al colegio a apoyar a una amiga que rendía castellano. Me di un baño, me vestí rápidamente y comí apurada. Tanto que me terminó cayendo mal. Salí a las tres y cuarto de mi casa. A eso de las tres y media me tomé el subte. Y me puse los auriculares. Nada, absolutamente nada más existía en ese momento, que la canción que sonaba en mis oídos. Pero automáticamente cuando llegué a Pasco, abrí los ojos como platos. Y en ese momento recordé que era lunes y que Seb tenía que trabajar. Y como siempre, se tomaría el subte, pero quizás usaría el auto. Todas las dudas posibles me surgieron en ese momento. Y aunque la mayoría afirmaba que no subiría, él subió. Como ya era costumbre, los dos nos sentábamos en el primer vagón. Él recorrió el lugar con la mirada, en busca de un asiento libre, y como no había, se quedó parado sosteniéndose del caño. Aproveché, ya que no me había visto, para ir a asustarlo, pero entonces..


