No quise despertar a Seb, entonces atendí yo..
-Hola? –pregunté tratando de poner un tono formal.
-Aahm, Male? –preguntó una voz conocida.
-Facundo, sí, para qué llamás? –me hice la seria.
-Quería hablar con mi primo.. está durmiendo, no?
-Sí.
-Ahh, bueno.. pero, vos sabés porqué se enojó conmigo hoy?
-No, sería mejor que lo hables con él otro día.
-Pe-pero.. en serio, estoy muy preocupado.
-Bueno! Llamalo en un mes.
-No, estás loca?! Dale, decime qué pasa.
-No puedo. Me haría mal a mí y si se lo preguntás a él hoy, peor todavía..
-Dios, qué hice de malo?
-Nada, basta, chau.
Corté. No podía dejar que pasara lo mismo de ayer. No podría soportar verlo sufrir devuelta a Seb. Había sido una tarde horrorosa, aunque pudimos lidiar con ella. Podía ver puro dolor en sus ojos, y me llenaban de sufrimiento a mí. No quería que volviera a pasar. Me propuse a mí misma no dejarlo comunicarse a Facundo durante el día, y simular que no había llamado.
Terminé mi café y con él, la revista. A los quince minutos, durante los cuales yo miré televisión sin parar de hacer zapping, Seb despertó. Bajó, me dio un beso largo y suave, y se dirigió a la cocina a preparase algo. Cuando terminó el desayuno, se sentó al lado mío, y yo me acurruqué en su buzo abrigado.
-Tengo ganas de salir a caminar.. –me propuso.
-Sí, es verdad, con este frío sería genial.
-Vamos?
-Sí!
Subimos las escaleras, nos cambiamos de ropa y nos abrigamos un poco. Afuera parecía pleno día de invierno. Él se había puesto un gorrito en la cabeza que le hacía sus puntas perfectas de cabello, y ese hermoso flequillo despeinado. Además, hacía resaltar sus ojos. Aah. Salimos de la casa, y comenzamos a caminar por las viviendas de los alrededores. Hablamos por un largo tiempo sobre su estadía en aquel barrio privado, con casas bastante parecidas a las que hay en Londres. Las pequeñas casas del complejo, estaban todas desiertas, y en algunas casas con ventanales gigantes, se podían ver a las familias no muy abrigadas, disfrutando de la calefacción, haciendo cosas. Me encantaba ese lugar, pero sabía que no resistiría vivir allí. Tan aislada de todas mis necesidades. No me quería imaginar cómo se las arreglaba Seb conmigo viviendo tan lejos.
Llegamos a una plaza que tenía el country, una de las partes más grandes del lugar, además de la cancha de golf. Tenía árboles por todas partes y una pequeña parte de juegos para niños. Seb me tomó de una mano y comenzó a correr hacia un árbol. Era uno de los más pequeños del lugar, pero era hermoso. Las hojas eran increíblemente verdes, los frutos eran muy raros, pero de un hermoso color azulado y se hallaba ubicado en uno de los lugares más aislados del parque.
-Vengo a este árbol desde que me mudé acá.
-Ah, sí? Por qué?
-No sé, me llama mucho la atención. Es hermoso.
-Sí, ya lo veo..
-Peero.. estuve tan ocupado en otra cosa más hermosa, que no lo pude venir a visitar.
-Ah, qué mala suerte..
-No, yo diría que fue bueno conocer a esa otra cosa..
-Qué conociste?
-Mm.. creo que sabés.
-No, decime..
-A vos.
Me agarró un cosquilleo en la panza. Sentía prácticamente mariposas. Bajé la cabeza con timidez, lo cual le causó demasiada curiosidad a él. Con su dedo índice me levantó el rostro y me miró durante un segundo. Mis mejillas estaban rosadas y todavía seguía mirando hacia abajo. Lanzó una risita y me acarició el pelo. Lo abracé de repente. Y fue como que mi cuerpo me obligó a hacerlo. Él no se resistió y me devolvió el abrazo. Una brisa enorme de viento frío hizo que la capucha de mi buzo se me pusiera en la cabeza.
-Qué linda que te queda esa capucha, dejatela –dijo.
-Bueno, como vos quieras.
Anduvimos caminando por alrededor del parque, charlando sobre lo que íbamos a hacer ese día y qué íbamos a comer. Cosas cotidianas. Cada cosa que yo le proponía, le venía bien. También hablamos de los viajes de subte y de nuestros encuentros pasados. Nos reímos cada tanto al acordarnos esas situaciones. Le conté el sueño que había tenido, y me dijo que le hubiese gustado que se hubiera hecho realidad. Me preguntó si en ese momento yo estaba enamorada de él como para soñar algo así. Le dije ‘Me enamoré de vos apenas subiste al subte..’ , y se sonrió. Estábamos tan entretenidos con la charla, que no nos dimos cuenta que ya estábamos cerca de su casa. Llegamos, y nos pusimos a cocinar lo que habíamos planeado. Cada tanto, él se escapaba de la cocina y se ponía a ver fútbol, pero yo lo iba a buscar enseguida, haciéndome la enojada. Tanto que habíamos hecho ese día, me había olvidado de aquella llamada de la mañana. De que Facundo iba a tratar de comunicarse con él de cualquier manera. Y ya estábamos pasando un día hermoso, no lo podía arruinar. Entonces, apenas me acordé, fui al cuarto de arriba, aprovechando que Seb se había escapado a ver tevé, y busqué su celular. Lo encontré, lo apagué, y lo metí debajo de su almohada. Ya más tranquila, bajaba las escaleras, cuando..
sábado, 28 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario