lunes, 16 de febrero de 2009

Capítulo 19: Cine

Pero entonces, él se dio vuelta y me vio. Puso los ojos como platos al haberme encontrado de sorpresa y me dio un beso. La gente nos miraba con caras extrañas, como si yo no tuviera la edad adecuada o como si él se estuviese pasando con una chica tan joven. Pero me daba igual.

Nos sentamos en un asiento para dos, al fondo del vagón y charlamos un buen rato. Me preguntó porqué estaba allí y le conté que iba a apoyar a una amiga al colegio. Él había ido a la oficina solo para retirar unos papeles, ya que todavía tenía vacaciones. Claro, lo había olvidado. Qué idiota.

Nos bajamos en Perú como de costumbre y caminamos hacia el colegio. Me dejó en la puerta, me dijo que iba a tomar algo por ahí y que lo llamara para ir a pasear. Me besó rápidamente, pero mis compañeras no pudieron evitar las risitas. Qué más da.

Ayudé a mi amiga a calmar sus nervios y la distraje un poco contándole cosas que me habían pasado en los últimos días. Ella se quedó sorprendida por todo lo que le iba diciendo y decía que estaba feliz de que yo haya conocido a Seb. Y también no paraba de decir que se parecía a Damon. Un asunto aparte. Yo deseaba que en ningún momento a Seb se le cruzara por la cabeza preguntarme si salía con él solo por parecerse a Damon, mi amor platónico. Ya que no era así. Bueno, las cosas habían cambiado, y yo no lo veía como el clon de mi ídolo, sino como una persona especial, alguien a quien yo había tomado muchísimo afecto y alguien de quien no me quería separar jamás. Era mi novio. Y sonaba raro decirlo, pero lindo.

Luego se hicieron las cuatro de la tarde y ella tuvo que entrar a rendir. Le deseé suerte y me quedé a un costado de las escaleras del colegio. Llamé a Seb y arreglamos para encontrarnos en el Cabildo. Fui caminando rápido hacia allí, pero me lo encontré en el camino, saliendo del café de la esquina. Me agarró de la mano, cruzamos la calle y fuimos a pasear por la calle Florida. Entramos en un Mc Donald’s y me compré un helado. Salimos y empezamos a charlar en la calle. Entramos a Musimundo, a Yenny, al Ateneo, todos lugares donde venden CDs. Me terminé comprando uno de Beck y él, uno de The Killers. Guardamos los CDs en mi mochila y salimos a caminar un rato más. Un buen rato después, Seb me dijo que me dejaría en mi casa y luego me pasaría a buscar para salir al cine. Me gustó la idea y entonces acepté.

Llegamos a mi casa en más o menos una hora y me despedí de él. Le dije a mi mamá todo lo que tenía planeado esa noche y ella no se negó a nada. Me bañé, me vestí, me maquillé. Cuando ya estaba lista, la bocina sonó. Sonreí enseguida y me despedí de mi mamá. Salí corriendo de la casa y él se encontraba apoyado en la puerta del conductor, esperándome. Cuando vio mi estado de felicidad, lanzó una carcajada y se metió en el auto riéndose. Puso su nuevo disco de The Killers y empezamos a cantar juntos en voz alta. Parecíamos dos locos. En un semáforo, bajé la ventanilla mientras seguíamos cantando alto, para tirar la envoltura de un chicle y la señora del auto vecino nos miró con cara rara. Entonces empezamos a reír como dos desaforados. Parecíamos salidos de una noche de puro alcohol. Ya cuando fuimos llegando al cine, nos empezamos a callar hasta que el auto quedó en completo silencio. Seb estacionó, me abrió la puerta y me tomó de la mano mientras entrábamos al cine. Subimos por el ascensor, y mientras, íbamos riéndonos despacio de la cara de la señora que nos había mirado. El hombre que estaba con nosotros en el ascensor se sonreía cada vez que lanzábamos carcajadas. Llegamos al piso de los cines, Seb sacó las entradas mientras yo iba a comprar los pochoclos y las bebidas. Nos reencontramos en la puerta de la sala donde veríamos la película y formamos la fila. Aproximadamente quince minutos después, pudimos entrar en la sala. Como la sala tenía butacas numeradas, nos tuvimos que fijar cuáles nos habían tocado. Al fondo de todo, en el medio. Nos ubicamos rápidamente, ya que habían empezado las propagandas. Nos acomodamos y nos concentramos en la película, que ya estaba a punto de empezar.

Pasados los veinte minutos de empezada, me di cuenta de que era muy aburrida. Miré a Seb. Tenía la cara apoyada sobre una de sus manos y sus ojos se cerraban constantemente. Me reí para adentro y él me miró con una sonrisa. Me susurró en el oído que no le gustaba la película. Le contesté que a mi tampoco, conteniendo la risa. Él miró para abajo, como frustrado, y yo levanté su cara con mi dedo índice. Podemos seguir viéndola le dije en voz baja, sin dejar de mirarlo a los ojos. Él sonrió, tanto que estaba a punto de lanzar una carcajada. Me acarició una mejilla y me dio un beso corto. Recosté mi cabeza sobre su hombro, y pude ver que él sonreía mirando la pantalla.

Cuando por fin terminó la película, me agarró de la mano y salimos de la sala. Apenas estuvimos afuera, nos miramos mutuamente y comenzamos a reír al mismo tiempo. La gente que salía, la mayoría secándose las lágrimas de tanto haber llorado, nos miraba con mala cara. Nos tapamos la boca y salimos del cine rápidamente.

-Dónde querés comer? –inquirió él, todavía con una sonrisa enorme.

-No sé, me da lo mismo..

-Ok, vamos ahí –dijo señalando un restaurante vegetariano.

-Uhm, genial.. voy a comer un poco mejor, después de todo..

-Jajajajaja

Él volvió a reírse como lo había hecho antes. Yo lo tomé de la mano y lo llevé hacia la puerta del lugar, antes de que todo el mundo nos mirara devuelta. Entramos al lugar, pedí la mesa yo, mientras la recepcionista lo miraba a él con ojos muy abiertos. Nos sentamos en una mesa pegada a un ventanal que daba a un río. La vista era hermosa.

-Podemos ir ahí después? –pregunté entusiasmada.

-Sssí, como quierass.. ahah jaja..

-Seb, ya pasó la broma.

-Sí, es verdad..-contestó tratando de recuperarse un poco

-Mejor así.

-Bueno, pedimos?

-Sí, dios, muero de hambre..

-Disculpe, mesero.. –dijo en voz alta a un hombre que pasaba con una bandeja.

Comimos muy liviano, por suerte, ya que me habían caído mal tantos pochochos. Hablamos de la película, de lo aburrida que había sido, y de las caras de las personas. Obviamente, Seb lanzaba algunas risitas al acordarse, pero nada ruidoso. De repente, me preguntó algo que no tenía nada que ver..

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