Me lavé las manos, me sequé y abrí la puerta. Seb estaba saliendo del cuarto de sus padres y no me había visto. Salí corriendo atrás de él y lo asusté. Gritó AU! y me agarró de la cintura para que no pudiera escaparme. Me besó y después me miró con cara de preocupación.
-No estabas en el auto?
-Ssí, pero tenía ganas de ir al baño.
-Ahh, está bien..
-Bueno, ya terminaste vos con lo tuyo?
-Sí, vamos.
Me tomó de la mano y bajamos las escaleras. Él bajaba rápido, como si se estuviera escapando de algo. Me di cuenta que sí lo hacía. Cuando bajamos, Facundo se dio cuenta que estábamos ahí y se paró como para preguntarnos qué había pasado, pero él no lo miraba ni tampoco le contestaba. Yo le expliqué todo, tratando de ignorar las miradas amenazantes de mi novio. En un momento, justamente antes de cruzar la puerta de salida, el primo, que nos seguía mientras yo le hablaba, me tomó del brazo muy despacio, tanto que consiguió acariciármelo. Grave error. Sebastián se dio cuenta y me frenó bruscamente en el camino. Lo miré con preocupación y al mismo tiempo, pidiéndole que no hiciera algo estúpido, como pelear. Sentí un temblor. Pero lo único que llegó a hacer, fue a mirar a su primo achicando los ojos por el enojo. A lo que éste sorprendió tanto que se quedó boquiabierto. Me llevé una mano a la frente como lamentándome y lancé un bufido. Salimos por fin de la casa y subimos al auto. En la puerta, Facu nos miraba con una cara asustada y también sorprendida, mientras que Seb aceleraba lo más rápido que podía. Partimos enseguida, ya estábamos a veinte cuadras.
-Te pasa algo? –pregunté suavemente, para evitar una discusión.
-Nono.. no te preocupes.
-Sí, estoy preocupada ya, me decís qué te pasa.
-No, en serio, no es nada importante, es una tontería –su voz se hacía cada vez más aguda, como si las palabras lo hicieran sufrir.
-Cualquier cosa que te pase es importante para mí..
-Bueno, cuando lleguemos a casa te digo
-A qué casa?
-A la mía..
Dobló de repente en un camino desconocido que conducía hacía la autopista y, en aproximadamente quince minutos, estuvimos en el country. Estacionamos en la casa, salimos del auto y me pegué a su lado para controlar que no evitara hablar conmigo. Aunque yo sabía que estaba pasando. Él se dirigió a la cocina tratando de caminar más rápido que yo y así poder sacarme de encima, pero lo seguí lo más rápido que pude, y antes de que pudiera llegar a la heladera, se rindió.
-Bueno, ahora te digo, dejame sacar algo de la heladera, sí?
-Sí, pero mirá que yo no me olvido, eh..
-Está bien.
Abrió la puerta, sacó una lata de cerveza y otra de coca. Lo miré tratando de levantar una ceja. Se rió de mi intento fallido, y me dio un beso en la nariz. Luego alejó la cara y se dedicó a destapar su cerveza. Pero antes de que pudiera hacerlo, tomé su cara con mis manos.
-Alcohol?
-Ssí, por?
-Porque yo soy menor, aunque no nos guste.
-Tenés razón. Mejor tomo coca con vos.
-Así me gusta más.
-Bueno, qué querías saber?
-Por qué estabas así de enojado hoy?
-Cuándo?
-Sebastián, no te hagas el tonto.. cuando lo miraste enojado a tu primo.
-No fue nada en realidad..
-Sí que lo fue, él se quedó asustado
-Ese no es mi problema.
-Seb
-Bueno.. lo que pasa es que hay veces que me acuerdo lo grande que soy. Y lo grande que soy para vos. La mayoría de las veces no me afecta en nada, porque sé que el amor no tiene edad.. pero cuando vi la conexión que tuviste con Facundo.. él que es más chico, por ahí pensé que te gustaría él más como pareja.. por la edad. Siento que no te doy el espacio que necesitás, porque tendrías que vivir una vida a pura joda, entendés, sos adolescente todavía..
-Eso es lo que pensás?
-Ssí.
-No lo puedo creer..
-Po-por qué? –preguntó tartamudeando de preocupación.
-No puedo creer que vos pienses que te dejaría por alguien solo porque está más cercano a mí en edad. No, no puede ser que pienses eso..
-Sí, y te pido disculpas, porque la verdad es que son momentos en los que no tengo nada más en mi mente, desconfío de todo últimamente.. pero es porque..
-Por qué..?
-Tengo miedo a perderte.
Me partió el corazón eso. Me quedé atontada mirando sus ojos brillosos, a punto de lanzar una lágrima. Podía ver su dolor. Y yo lo sentía también. La idea de perder a alguien como él me resultaba una de las peores cosas que pudieran llegar a pasar. Por lo que trataba de no imaginármela. Me acerqué a su cara, tanto como pude chocar mi nariz con la suya y lo miré fijamente a esos enormes ojos celestes mojados. No lo pensé dos veces, tomé su rostro y lo besé. Sentí de verdad todo ese sufrimiento que tenía adentro. Pero más que sufrimiento, pensé que serían celos. Pero no me importó en ese momento. Traté de calmarlo con el beso y él me lo devolvía. Me había tomado del rostro él ahora y me lo sujetaba con fuerza, como si temiera que yo me fuera. Aparté mi rostro y me di cuenta que mis ojos también estaban mojados. Me reí de mí misma y él también, mientras me secaba las lágrimas con un dedo. Le sonreí enseguida y le dije Te amo y sos lo más importante que me pasó en la vida. Se le escapó una lágrima más y me abrazó muy fuerte.
A la noche, estuvimos viendo un par de películas cómicas para levantar los ánimos y cocinamos pochoclos. Estábamos recostados en la cama matrimonial, estirando los cuellos para poder ver la pantalla del televisor. Ya era muy tarde, mis ojos se cerraban constantemente. A él le pasaba lo mismo. En un momento, no pudimos aguantar más, nos quedamos dormidos.
A la mañana, estaba lloviendo, hacía mucho frío. Yo estaba con un vestido por las rodillas y ya temblaba. Él estaba helado también, entonces decidí taparlo con la frasada. Me puse un pantalón abajo del vestido y me fui hacia la cocina a prepararme algo. Bajé sin fijarme en mi aspecto y me dirigí a la mesada. Me preparé un café fuerte para poder despertarme bien y entonces me puse a leer una revista vieja mientras lo tomaba. De repente, sonó el teléfono de la casa. No quise despertar a Seb, entonces atendí yo..
miércoles, 25 de febrero de 2009
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