domingo, 22 de febrero de 2009

Capítulo 20: Casa Blanca

De repente, me preguntó algo que no tenía nada que ver..
-¿Hoy querés ir a conocer a mis viejos?
-Emm.. hoy?
-Bah, en realidad mañana, ya se fueron a dormir ahora..
-Ahm, bueno, dale.
-No te preocupes, eh.. son copados dentro de todo y no necesito que ellos te aprueben para que sigamos saliendo..
-Jaja, como en las películas.
-Claro, pero no va a pasar, tranquila
Me acarició una mejilla y se me enrojeció. Él sonrió disimuladamente.
-Bueno, Male.. te llevo a tu casa?
-Mmm.. sí, tengo sueño
-Ok, vamos..
Fuimos al auto, Seb arrancó el motor y desaparecimos del cine. Terminamos de escuchar el disco de The Killers, pero no cantamos como desesperados. Llegamos a mi casa, me dio un beso y se fue. Entre silenciosamente, ya que todos estaban durmiendo y me dirigí a mi cuarto. Me dormí pensando en cómo sería conocer a mis suegros.
Me desperté muy temprano, me bañé, me pinte, me hice de todo para quedar bastante formal. Mi mamá se reía de todo lo que hacía, y me decía que había conocido a su ex suegra, vestida así nomás. Seb me mandaba mensajes diciendo que no se me ocurriera vestirme de fiesta ni nada, o que me iban a caer muy bien y yo a ellos. Y también me preguntaba cuándo estaría lista. Terminé y le contesté el mensaje. En aproximadamente diez minutos, ya estaba en la puerta. Mamá me deseó suerte y que si no me caían bien, no importaba, que eso no me separaría de Seb. Salí de la casa fingiendo sonreír, y apenas él me vio hacerlo, empezó a las carcajadas. Lo miré odiosa, tratando de levantar una ceja, pero no pude, y me dirigí rápidamente a mi asiento en el auto, esquivando su beso. Me senté y me crucé de brazos. Seb me miró conteniendo la risa y me besó la mejilla. Puso un disco de Blur para distraerme un poco, y me dio charla.
-Cómo le fue a tu amiga en castellano? –preguntó disimuladamente.
-Supongo que bien, no me dijo nada..
-Ahh, espero que le haya ido bien, es un bajón tenerla previa.
-Y, sí..
-Estoy orgulloso de que no te hayas llevado nada –dijo y sonrió como si fuera mi mamá.
-Ajám.
-Bueno, yo me llevé matemática cuando estaba en primero.
-Seb, cortala..
-Eh? Cortar qué?
-De hablar de cualquier cosa para olvidarme de que voy a conocer a tus papás.
-Jajaja, soy muy malo disimulando
-Se, me di cuenta..
-Ya te dije que no tenés que preocuparte.
-Sí, pero eso no me convence para nada
-Bueh, si vos no confías en mí..
-Sí confío, pero estoy asustada igual
-Bueno, yo estoy con vos siempre, sabelo.
-Gracias –dije en voz baja y le di un beso en la mejilla, aprovechando que estábamos en un semáforo.
Seb se sonrojó. Al verlo, abrí los ojos como platos y no pude contener la risa.
-Qué? De qué te reís ahora?
-Te.. te sonrojasteeee ajajajajajaja
-En serio?
-Ssssii.. ajaja
-Uh, me estás contagiando
-Jajajaja, dios mío
-Uhm, no seas mala, yo no me río cuando te pasa a vos..
-Pe-pero.. me río porque a vos nunca te pasa!
-Sí, ya se..
De repente, Seb comenzó a disminuir la velocidad a medida que nos acercábamos a una gran casa toda blanca, con un jardín hermoso y muy cuidado en la entrada. Estaba todo lleno de rosas rojas y jazmines que perfumaban el ambiente. El pasto era del verde más puro y parecía recién regado. La casa tenía un frente antiguo, pero hermoso. Para llegar a la puerta había que atravesar un camino de piedras grisáceas, casi negras, que brillaban a la luz del sol. Me quedé perpleja, y Seb me observaba con una sonrisa enorme. Parecía que en cualquier momento estallaría con sus carcajadas. Pero no. Me tomó de una mano y me hizo caminar hacia la puerta, aunque mis pies no se querían despegar del suelo. O era yo la que no los quería despegar. Pero entonces pensé: Si llegan a ver que me resisto, va a ser peor. Y me puse a caminar lentamente al lado de él. Él aclaró su garganta y puso su sonrisa más discreta. Entonces yo hice lo mismo. Tocó el timbre, y en unos cinco segundos, abrieron la puerta. Apareció una señora de unos cincuenta años, con muy pocas arrugas en su rostro, ojos color café y cabello castaño claro, de unas dos tonalidades más oscuras que el de Seb. Nos sonrió enseguida y me besó la mejilla, mientras decía ‘Al fin te conozco!’ . Y por supuesto, Seb se reía a carcajadas. Pero no le hice caso. La madre me contaba la comida que había preparado, me mostraba cada rincón de la casa y me preguntaba cosas sobre mí. Todas se las contestaba sin problemas, ya que me había caído muy bien. Después entramos en el comedor, donde se sentía un olor a asado increíble. En la parrilla estaba el padre, moviendo los pedazos de carne con un tenedor. La señora lo llamó: Sergio, mirá quién está acá! Y él se dio vuelta a mirarme, mientras me saludaba. Lo poco de pelo que tenía era de un rubio muy claro y tenía los mismos ojos que Seb. Me quedé por un momento pensando en que ese sería su futuro, y me reí para adentro. Sergio, con una enorme sonrisa, me besó la mejilla, me preguntó mi nombre, y me dijo que estaba encantado de conocerme. Yo sonreí y le contesté que yo también lo estaba. La madre me agarró de la mano que no tenía Seb y me dirigió hacía un cuarto donde supuestamente, antes dormía su hijo. Me dijo que pusiera todas mis cosas ahí y que me veía en la cocina. Entonces me dejó a solas con Seb.
-Viste que no iba a ser tan malo?
-No, fue de miedo nomás..
-Te cayeron bien, no?
-Siiiiiiii! Tu mamá es una diosa..
-Jaja, con todas las mujeres que cruzan la puerta de esta casa hace lo mismo..
-Es muy copada, me gusta eso.
-Bueno, me alegro que haya pasado el miedito..
-Jajaja, sí..
-Em, voy al baño, vos dejá tus cosas y después bajamos.
-Ok..
Seb salió del cuarto, yo dejé mis cosas sobre una silla y me dediqué a curiosear el lugar. Estaba todo pintado de azul, tenía un puf celeste en una esquina, un televisor antiguo, una biblioteca no muy grande, de madera oscura y una ventana que daba al jardín de la entrada. Me sorprendió que tuviera un puf, ya que eran sillones más modernos que de cuando Seb era chiquito. Y entonces escuché que alguien aclaraba la garganta atrás mío..

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