En ese preciso momento me acordé de su banda preferida. U2. Él cantaba un tema siguiendo la letra a la perfección, así que no dudé en que se tratara de uno de esa banda. Era realmente hermoso, me relajaba. Y por suerte, parecía no haber nada que arruinara el momento. Seb me volvió a envolver en sus brazos y cerré los ojos, como si todo aquello fuera un sueño que yo quisiera continuar.
Al día siguiente, me desperté como hacía un mes aproximado, alrededor de sábanas blancas, en aquella habitación con ventanales de pared completa. Pero no estaba atrapada en las suaves telas blancas, como casi todas las mañanas. Me encontraba recostada sobre su costado. Él dormía placenteramente sin emitir ningún otro sonido que no fuera el de su respiración. Lo contemplé un buen rato desde mi posición. Me agarraba sin fuerza con uno de sus brazos y el otro colgaba de la cama. Llevaba puestos unos pantalones cortos solamente, y por supuesto, el pelo todo despeinado. Me encantaba tocarle su cabello discretamente desarreglado y dorado como el mismo oro. Él se sonreía cada vez que le hacía, porque le causaba cosquillas. Hasta que llegaba un momento que detenía mi mano suavemente con la suya y abría lentamente los ojos. Esos dos rayos eléctricos azules que me siempre me terminaban cegando o mareando. Y entonces, él lanzaba un bufido y reía con ganas.
Esa mañana en el country fue muy tranquila. Me metí en la pileta sola mientras él preparaba el desayuno, y luego lo tomábamos juntos en el pasto. Eso era algo que teníamos en común, amábamos el pasto. Y también disfrutábamos descansando sobre éste.
La tarde fue un poco más diferente. Me dijo que había prometido a sus padres ir a visitarlos esa noche y que tenía que alistarse. También me preguntó si quería ir a conocerlos, pero llegó a mi mente una imagen de la madre de él, reprobándome por no ser tan grande como él. Y entonces le dije que otro día lo haría. Se decepcionó, pero luego lo entendió y me llevó a casa. Nos despedimos en la puerta y él marchó.
Mi casa era un caos. Mi mamá tenía invitados esa noche y yo lo había olvidado. Se volvió aún peor cuando me vio y me retó por no haberle avisado que dormiría en otro lugar. Puse cara de indiferencia y me dediqué a ordenar mi cuarto. Y lo hice con tan pocas ganas, que enseguida llegó la gente y no pude terminarlo. Cerré la puerta para evitar que vieran el poco desorden que quedaba y me fui corriendo al baño para darme un baño rápido. Terminé y me puse la ropa más común que encontré. Saludé a los invitados, entre ellos una chiquita que quería jugar conmigo, pero yo no estaba de humor. De todos modos, tuve que hacerlo, ya que no podía hacer que llorara.
Estuve prácticamente todo el resto de la noche jugando con ella, o haciendo que jugaba, ya que cada vez que podía, le mandaba mensajes a mi novio, que cada diez minutos los respondía.
Al fin, a eso de las dos de la mañana, los invitados se fueron, la niña ya se había dormido hacía rato y yo tenía mi momento para descansar. No pensaba en otra cosa que dormir. Pero mi mamá me pidió que la ayudara a limpiar la mesa y la basura que había quedado. Acepté, ya casi con los ojos cerrados. Al final me fui a dormir a eso de las tres y media.
Al día siguiente me acordé de que tenía que ir al colegio a apoyar a una amiga que rendía castellano. Me di un baño, me vestí rápidamente y comí apurada. Tanto que me terminó cayendo mal. Salí a las tres y cuarto de mi casa. A eso de las tres y media me tomé el subte. Y me puse los auriculares. Nada, absolutamente nada más existía en ese momento, que la canción que sonaba en mis oídos. Pero automáticamente cuando llegué a Pasco, abrí los ojos como platos. Y en ese momento recordé que era lunes y que Seb tenía que trabajar. Y como siempre, se tomaría el subte, pero quizás usaría el auto. Todas las dudas posibles me surgieron en ese momento. Y aunque la mayoría afirmaba que no subiría, él subió. Como ya era costumbre, los dos nos sentábamos en el primer vagón. Él recorrió el lugar con la mirada, en busca de un asiento libre, y como no había, se quedó parado sosteniéndose del caño. Aproveché, ya que no me había visto, para ir a asustarlo, pero entonces..



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