sábado, 31 de enero de 2009

Capítulo 17: Lluvia

Aterrorizada, me dirigí lentamente hacia la puerta. Me acerqué tanto que llegué a tocar la cerradura rápidamente. Me animé, y asomé la cabeza por la puerta sin soltar la manija. Antes de que pudiera asomarme por completo, alguien me tapó los ojos y la boca. Intenté gritar, pero no pude. La persona me condujo hacia adentro de la suite y cerró la puerta, supuse que de una patada. Me empujó hasta sentarme en un lugar, que luego me di cuenta, era la cama matrimonial. Un terror inmenso me invadió cuando el sujeto me destapó la boca y comenzó a besarme. Sentía terror por el hecho de que pudiera ser un abusador o que quizás le habría hecho daño a Seb.
Entonces, su mano libre comenzó a acariciar mi pelo en un recorrido sin sentido, y me pude dar cuenta, en ese momento, de que mi conciencia se había perdido. Tuve la suerte de que mi falta de respiración lo hiciera detenerse. Y decidió destaparme los ojos.
Nos encontrábamos recostados en la cama, de costado. Tenía una de sus manos en mi cintura y su cara muy próxima a la mía. Aquellos ojos del celeste más puro que podría existir, me miraban fijos. Aquella sonrisa seductora hacia la derecha, era solo para mí. Y ahí volvió la calma. Él se rió muy ruidosamente de mi alivio.
-Quién pensaste que era? –inquirió.
-No sé, pero me asustaste mucho.
-Es verdad, no tendría que haberlo hecho, pero fue muy interesante..
-Si hubiese sabido que eras vos, lo hubiese disfrutado más.
-Bueno, perdoname..
-Vos siempre estás perdonado.
Él sonrió con ganas y me dio un beso en la nariz. Me encogí de hombros y sonreí también.
-Me quiero ir de acá, tengo un lugar mejor.. –dijo de repente.
-Bueno, como vos quieras.
Nos levantamos inmediatamente de la cama y comencé a vestirme, ya que seguía en malla. Él me esperó en la puerta de la habitación. Cuando salí, él tomó mi mano y nos dirigimos en completo silencio al ascensor. Llegamos a plata baja, él se despidió del recepcionista y entonces fuimos al auto. Subimos, encendí la radio y arrancó.
-Me vas a decir a dónde vamos?
-Por supuesto que no. Sorpresa.
-Mmm.. como quieras, pero me voy a cansar de tantas sorpresas.
-No creo.
Aceleró un poco más y entramos en una zona llena de árboles, pasto y flores. Un bosque. Abrí los ojos como platos, y me dediqué a contemplar todo lo que se cruzaba en el camino. Seb detuvo el auto al lado de un árbol, y pude ver que a unos metros había un enorme claro iluminado por la inmensa luna que pendulaba en el cielo de esa perfecta noche. Me temblaron los hombros cuando una ráfaga de viento frío se abalanzó sobre nosotros. Sentí como sus manos apoyaban sobre mí un enorme saco negro. Sentí la necesidad de acurrucarme en su pecho, y me aferré a sus brazos. Él los cerró alrededor mío y apoyó su cabeza sobre la mía. El viento seguía soplándonos encima y sentí mi nariz helada. Era un momento precioso. Nos quedamos un buen rato así, y luego él acarició mi mejilla, alejándose hacia el auto. Encendió el estéreo y lo puso a máximo volumen. Comenzó a sonar una hermosa canción, perfecta para la situación y el lugar en el que estábamos. Pasados los primeros diez segundos, él comenzó a cantar, y una gota cayó sobre mi pelo. Había empezado a llover.

1 comentario:

  1. estoy enamorada de tu blog, de tu historia..
    QUIERO MÁS!!!!!! ajajaja

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