En la pantalla del celular decía:
Tngo muchsi+ gnas d vrt♥
De inmediato, apenas terminé de leer el mensaje, un suspiro muy profundo se me soltó automáticamente, como en las películas románticas. Era obvio que yo también quería verlo, así que le respondí el mensaje.
Yo tmb! Dnd ns vmos? :)
Esperé unos diez minutos a la respuesta, ya que siempre era ese tiempo exacto el que tardaban sus mensajes. Cada vez que me llegaba algún mensaje, mi corazón dejaba de latir y no podía pensar en que fuera alguna otra persona que él, quien me lo mandara. Siempre era así. Pensé varias veces en ir al cardiólogo.
N dnd qieras, t paso a buscar y tomams hlado, dale?
Le respondí rápidamente y le avisé a mi mamá que iba a salir con él, cosa que ella aceptó como siempre y me guiñó el ojo. Supuse que era porque ya se había enterado de lo nuestro. Pero no me molestó. Lo extraño fue ver que a ella no le molestara, cuando yo estaba saliendo con un chico de 19 años, y no uno de mi edad. Un chico que ya trabajaba, que podía tomar alcohol y también ir a ciertos lugares a los que yo no puedo. Era bastante extraño. No creía que ella siguiese pensando que era un chico de segundo año. No era demasiado creíble.
En los siguientes veinte minutos desde que había hablado con mi mamá, me los pasé decidiendo qué me iba a poner, si me iba a maquillar o no, pero todas esas dudas se me aclararon cuando me di cuenta que sólo íbamos a tomar un helado.
Me puse lo más común que encontré, algo como para poder salir y pasar desapercibida. Odiaba llamar la atención, me molestaba mucho. Y todavía no sabía si, con alguien como él al lado mío, no pasaba bastante. De repente, todos mis pensamientos se esfumaron y mi corazón volvió a detenerse apenas escuché la bocina. Aquella bocina que llamaba tanto mi atención. Ruidosa, pero a la vez satisfactoria. Era como un llamado de los ángeles. Traté de recuperarme un poco, me calcé mis sandalias nuevas, me despedí de mi mamá y salí rápido de la casa, antes de que a ella se le ocurriera salir a saludar. Abrí la puerta del lujoso auto negro y me senté en el asiento de acompañante. Él estaba en el asiento del conductor, mirándome con esa sonrisa. La que me ponía los pelos de punta y no me dejaba respirar a veces. Y la sonrisa esperaba algo. Sin perderla de vista, me di cuenta que cada vez estaba más cerca de mío y que me hacía sonreír a mi también. Cuando me quise dar cuenta, su sonrisa rozaba la mía. Y se convertía en algo desesperado que buscaba un poco de consuelo en mis labios, que quedaban inmovilizados por mi falta de respiración. Y supuse en ese preciso momento, que tendría que devolverle esa desesperada reacción, por lo menos para que no se molestara. Lo hice. Duró un largo rato. Tanto que agradecí que los vidrios eran polarizados y que ningún miembro de mi familia podía vernos. Pero entonces pensé que mi mamá saldría a ver por qué no nos íbamos, y a duras penas, aparté mis labios de los suyos. Él reaccionó demasiado bien, como si eso hubiese sido algo que esperaba hace mucho. Me sonrió una vez más y comenzó a conducir. Traté de sonreírle también, pero estaba demasiado tonta como para hacerlo. Siempre quedaba en ese estado. Y me preocupaba que a él le pareciera una exageración, pero no lo era.
Todo el viaje pasó en silencio, salvo por una música muy tranquilizante que quedaba de fondo y los ruidos de la ciudad. Y al fin, llegamos a la heladería. Era una especie de lugar muy ambientado a la noche. Tenía una terraza con unos vidrios negros y plantas de color verde oscuro. Nos dirigimos hacía ahí, luego de comprar los helados en la parte de abajo. En aquella terraza, no había nadie. Nada más nosotros. Era prácticamente todo lo que necesitaba. Me senté en una silla frente a él, así podríamos hablar mejor. Me contó de cómo le había ido en el día, que ahora me extrañaba todos los días y que le parecía que un mes era demasiado sin mí. Pensé, mientras me decía todo esto, que a él no le vendría nada mal vivir conmigo. Y a mí tampoco, obviamente. Pero mis papás no me dejarían. Eso también era obvio, y también odioso. Como si me hubiese leído el pensamiento, me dijo:
-Me encantaría poder vivir con vos, me solucionaría la vida.
-Me leíste la mente.
-Jajaja, mirá vos.
-A mi también me solucionaría la vida..
-Lástima que seas menor de edad y que tus viejos no me conozcan demasiado.
-Igual no creo que te dejaran, eh..
-No, ya sé. Eso es lo que más me duele.
-Que no te dejen?
-Que todavía sé que sos de alguien más.
-Qué.. de mis viejos decís? Ay, no puede ser..
-Mirá, mis viejos ya no me joden desde que cumplí los 17. Es demasiado tiempo para cambiar, no?
-Sí, tenés razón.
-Y, es así.. así que vas a tener que aguantar un poco a que me acostumbre.
-Te puedo esperar toda la vida, y si no te acostumbrás, no me importa.
-Sos la persona más linda que conocí, sabías?
-Vos también lo sos para mí.
-Cursilerías.
-Me encantan.
-Si tanto te gustan, me puedo pasar toda la noche diciéndolas.
-Dale, yo no tengo problema.
-Comé el helado, se te derrite.
Solté una carcajada y le obedecí. Luego de que ambos terminamos los helados, nos pusimos a hablar de nosotros, y de todas las cosas tontas y amorosas que él me había prometido. Estuvo tanto tiempo diciéndolas, que un mozo del lugar nos dijo que estaban por cerrar. Nos retiramos sin dejar de reírnos por todo lo que habíamos tardado y nos subimos al auto.
-Te tengo que llevar a tu casa..
-Agh, de verdad?
-Male, son las doce y media.
-Y? Es temprano para mí.
-Para tu mamá no, seguro se tiene que acostar temprano para ir a laburar.
-Dios, odio eso.
-Bueno, no te preocupes porque..
-¡¿QUÉ?!
-Tengo una sorpresita..



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