jueves, 16 de julio de 2009

Capítulo 33: Taza de té.

…el ascensor volvió a funcionar. Liam no le prestaba atención, pero yo me alarmé enseguida y me alejé de él. Se abrieron las puertas, me acomodé el pelo, como tratando de disimular. Él me miraba, no dejaba de hacerlo. Parecía confundido, como si no entendiera que yo me hubiese alejado de él. Y supuse que eso era. Me sentí mal, porque ese momento había sido el mejor de mi vida y yo misma me lo había arruinado. Pero había algo más. Seb.

Bajé apresuradamente del ascensor y miré hacia todos lados, buscando la manera más sencilla de perderlo de vista. Aunque no pude. Él ya estaba parado al lado mío, mirándome como lo había hecho todo este tiempo. Yo estaba con la mirada baja, tratando de esquivarlo, pero no me decidía qué hacer.

Lo miré. Intenté hacer lo mismo que él, buscar respuestas. Pero me debilité enseguida y tuve que bajar la vista. Cerré los ojos por un momento, deseando que todo eso fuera un sueño. Los abrí. Ya no estaba. ¿Qué había pasado? Realmente lo había soñado todo, ¿o no?. La voz de Seb me interrumpió.

-Male.. qué hacés acá? –inquirió muy sorprendido de verme.

-Nada, amor.. bajé a ver si te encontraba.. –no me salía mentir.

-Dale, qué pasó? Te mandaste alguna cagada?

-No, te juro que no! –dije, tratando de no exagerar mi tono de voz.

-Bueno, amor.. perdoname.. –se acercó a mí para besarme. Me acordé de quién había apoyado sus labios en los míos y traté de esquivar el beso. Tarde. Seb abrió los ojos apenas chocó su boca con la mía. Me miró atónito. Parecía que no respiraba. Bajé la cabeza enseguida, pero él me la subió bruscamente.

-Con quién estuviste? –su tono de voz me ponía nerviosa.

-Con nadie. Con vos nada más.

-Malena, quién te besó recién?

-Nadie! Vos arriba nada más.

-Tenés los labios húmedos..

-Qué tiene que ver?

-Malena! –gritó.

No aguanté las lágrimas. No podía mentirle. Tampoco quería hacer una escena en medio del hall del hotel, pero no sabía qué hacer. Me alejé unos pasos de él. Su expresión enojada cambió totalmente a una de asombro. No lo entendí, seguí caminando hacia atrás. Me choqué con alguien. Me di vuelta, y ahí entendí todo. Liam me agarraba de los hombros, como protegiéndome y lo miraba a Seb con una expresión amenazante. Me asusté y me quedé totalmente muda. No sabía qué pasaría, pero me abracé a Liam enseguida y él me cubrió con sus brazos.

-What’s your fucking problema with her? Hah? (Cuál es tu maldito problema con ella? Eh?) –preguntó agresivamente Liam.

-Nono, We’ve got no problems, Liam. It was just a little argument. That’s all! Man, I think you’re a great- (Nono, no tenemos problemas, Liam. Fue solo una pequeña discusión. Eso es todo! Dios, creo que sos un genial-) –pero Liam fue más rápido.

-I’ve seen you, man. You were treating her really bad. I can’t stand it. Hey, this is your fucking boyfriend? (Te ví, flaco. La estabas trantando muy mal. No puedo soportar eso. Eh, este es tu maldito novio?) –me preguntó a mí.

-Yes, he is. Liam, it’s ok. Thank you. (Sí, es él. Liam, está bien. Gracias.) –traté de esa manera de alejarlo de la situación.

-What!? I’m not gonna leave you with this guy, c’mon.. let’s go to my room.. (Qué!? No te voy a dejar con este tipo, vení.. vayamos a mi habitación..) –trató de convercerme.

-Alright, what is happening with you both? (Muy bien, qué está pasando con ustedes juntos?) –preguntó Seb, enojadísimo.

-Nothing! (Nada!) –respondí enseguida, pero..

-Nothing, baby? Are you mad? I’ve kissed you in the fucking lift! (Nada, mi amor? Estás loca? Te besé en el puto ascensor!) –casi lo gritó. Yo me tapé la cara. No aguantaba todo eso. No quería nada de todo eso. En realidad, sí.. quería a Liam, pero también amaba a Seb demasiado, y no quería separarme de él. Ya estaba todo decidido. Liam se iba a ir de mi vida en cuanto terminara el recital, pero Seb se iba a ir para siempre de ella. Salí corriendo, sin mirar hacia donde iba. Me choqué con varias personas y ni siquiera pedí perdón. Me arrojé a los sillones que había en una sala de estar, y no me fijé si había alguien allí. Me quedé inmóvil, con los ojos mojadísimos, pensando en lo horrible que sería mi vida después de ese día. Me había pasado lo mejor y lo peor de mi vida. Y nunca me imaginé que podría suceder. Hundí mi cara en un almohadón que tenía ahí cerca. Escuché que alguien aclaraba su garganta al lado mío. No le presté atención. Seguí en mis pensamientos, confundida, avergonzada de mí misma. No quería saber nada con nadie. No tenía ganas de existir ya. Una mano calentita pasó por mi pelo alborotado. Lancé un ‘dejame!’, sin importarme quién era. Pero la mano no se detuvo. Siguió acariciándome la cabeza. Giré bruscamente la cara, dispuesta a decirle algo feroz a quien estuviera allí..

Su sonrisa era la más cálida que había visto. Tanto como la de alguien que está siempre dispuesto a ayudar, como de un padre. Me miraba con orgullo y con lástima a la vez. Parecía entenderme totalmente, y seguía tocando mi pelo. Tenía una taza de té en su otra mano y se disponía a tomarla. Me odié tanto por estar horriblemente empapada en lágrimas y con toda la cara colorada de la vergüenza. Y en ese momento, sentí que necesitaba a alguien así. Alguien que me ayudara, me escuchara y me diera algún consejo. Aunque no estaba segura si él me los podría dar. Traté de no tirar su taza y lo abracé fuertemente, como lo que realmente era. Mi ídolo.

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