Por suerte, dormí bien esa noche. Sentí que con todo lo que me había dicho en el auto era suficiente. Ya estaba convencida de que él no querría nada con ella. Me sentía tranquila y segura de mí misma. Pero en el fondo, bien el fondo, sentía que me faltaba algo. Que todas las piezas no encajaban. Que necesitaba de algo conmigo. O alguien.
A la mañana, ya estaba sola en la casa. Mi mamá se había ido a trabajar más temprano, el novio estaba ocupado en otra cosa, y mis hermanos estaban en la colonia. La casa era para mí sola. Pero no quería aburrirme todo el día, entonces decidí arreglar con alguna amiga para salir. Gracias a mi constante embobamiento con Seb, no las veía muy seguido. Agarré el teléfono, y llamé a mi mejor amiga. Por supuesto que estaba durmiendo y me dijeron que la llamara más tarde. Colgué el teléfono y al instante sonó mi celular.
-Hola, preciosa, cómo dormiste ayer? –me preguntó la voz más dulce del mundo. Y la más tierna a la mañana.
-Bien, pude dormir. Vos?
-Sí, pero estuve pensando en llamarte todo el tiempo..
-Ayy, sos un amor.
-Jaja, me preocupo por que estés bien.
-Gracias.
-No me lo agradezcas. Vas a hacer algo hoy?
-Llamé a una amiga para salir
-Ah, me parece genial, te puedo pasar a buscar a la noche?
-Supongo que sí, a dónde me llevás?
-No sé, vamos a comer a algún lado, después nos pedimos un cuarto de helado cada uno y vamos a sentarnos a la plaza más cercana, si?
-Perfecto, me gusta la idea.
-Genial, a las nueve estás lista.
-Dale.
-Te amo
-Yo también, amor.
-Bueno, chau, nos vemos.
-Chau, un beso.
Me puse a ordenar un poco mi habitación, que realmente era un desastre, y esperé a que se hicieran las once y media para llamar a Mariana. Por supuesto, se me pasó el tiempo de tanto que tuve que acomodar, pero a eso de las doce la llamé. Arreglamos para ir al abasto a pasear un poco, tomar algo ahí, y después volver a nuestras casas. Apenas terminé de comer, me di una ducha rápida, me puse ropa para salir y dejé la casa sola. Me tomé el colectivo y después el subte. En el shopping nos encontramos en el C&A y ahí fuimos a pasear por todo el lugar. Estuvimos como dos horas paseando, subiendo a algunos juegos, comprando, charlando. La verdad que extrañaba poder hablar con una amiga. Me di cuenta mientras estaba con ella, que había cosas de las que no podía hablar con mi novio, y que me encantaba contarle todo lo que hacía con él. A lo que ella me escuchaba muy atenta con los ojos cada vez más grandes de tantas cosas absurdas y tiernas que hacía Seb. Se reía mucho de las cosas que yo pensaba y cada tanto decía ‘Dios, qué envidia’. Le conté de la chica esa que había llamado, y le pedí que me aconsejara algo.
-Mirá, si él que es taaaaaaan cariñoso, sobreprotector y, como le decimos las humanas, hinchapelotas con el noviazgo, no le va a prestar atención a esa..
-Sí, ya sé, pero mirá si la chica lo sigue llamando, le sigue hinchando, o hace de todo para encontrarse con él..
-No, no creo que lo haga..
-Yo creo que sí, por ahí le gusta demasiado Seb.. buen, no es difícil enamorarte de él.
-Bueh, como si fuera, no sé, Brad Pitt..
-Es mejor que Brad Pitt.
-Jaja, está bien, igual a mí no me gusta.
Estuvimos hablando del tema, y ella, al igual que mi novio, me decía que no había por qué preocuparme, entonces lo empecé a tomar con calma. Traté de que no me importara tanto, ya que estaba bien claro el asunto. Seb no quería nada con ella, se lo diría al instante. S
Se fue haciendo un poco tarde, entonces decidimos irnos, ya que yo tenía un compromiso esa noche. Tomamos el subte y el colectivo, mientras seguíamos hablando. Me despedí de ella, y le prometí que íbamos a repetir la salida. Llegué a casa, corrí a mi cuarto, me cambié y me puse un jean azul, una remera cereza, y mi camperita con capucha azul. Me pinté devuelta, ya que se me había corrido el maquillaje. Me acomodé el pelo, me lo solté y me puse hice un jopo. A las nueve de mi celular, la bocina sonó. Saludé a mi mamá y mis hermanos, que estaban el comedor, y salí. Seb no se había bajado del auto, pero me había hecho luces para que entrara. Abrí la puerta de acompañante, subí y me abroché el cinturón de seguridad. Le di un beso rápido y él me preguntó ‘A dónde vamos?’, algo raro ya que yo no elegía los lugares. Le propuse ir a cualquier restaurante lindo que estuviera cerca de una plaza y una heladería. Él asintió y fuimos a uno en caballito. Llegamos, pedimos la mesa, comimos mientras charlábamos. Me preguntó cómo la había pasado esa noche, entonces le conté masomenos cómo había sido. Me guardé algunas partes que él no querría escuchar. O cosas que directamente no le podía decir. Él me contó sobre su tarde en el trabajo, todo lo que había hecho, todo lo que odiaba a su jefe y todas las ganas que tenía de verme. Yo me reía y comentaba con monólogos. Ya no tenía ganas de comer más, entonces él pidió la cuenta, pagó, y nos fuimos del lugar. Fuimos a Persicco, una de mis heladerías preferidas, y nos llevamos los dos cuartos separados de los helados que nos gustaban. Cruzamos la calle y fuimos al parque Rivadavia, que estaba desierto, salvo por algunas personas que corrían alrededor y hacían ejercicios. Nos adentramos en el parque y fuimos a una parte con mucho pasto y enorme. Me encantaba eso. Nos sentamos y empezamos a comer helado, hablar y reírnos de algunas cosas estúpidas que nos acordábamos o que inventábamos en el momento. Estuvimos un buen rato, hasta que se hicieron las doce de la noche, entonces decidimos por volver, antes de que a mi mamá se le ocurriera llamarme. Íbamos para el auto, pero antes de llegar, Seb me dio su campera, las llaves del auto, y me dijo que lo esperara adentro que iba a comprar al kiosco. Asentí, abrí el auto y me metí en el asiento de conductor. Encedí la radio, la cambié un par de veces de estación. Sonó el celular de Seb adentro de su campera. Revolví todos los bolsillos que tenía eso, que en realidad era un saco, hasta que lo encontré. Miré el número que sonaba. Desconocido. Atendí igual..
lunes, 9 de marzo de 2009
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